Teatro Nacional Cervantes

vuelos baratos a Buenos Aires

Uno de los edificios más importantes de Buenos Aires, catalogado como Monumento Histórico Artístico Nacional en 1995, es el Teatro Nacional Cervantes, situado entre la calle Libertad y la avenida Córdoba. Se trata del único teatro de consideración nacional de Argentina, por lo que merece una visita si el viajero está en suelo porteño aprovechando alguna de las ofertas de vuelos a la ciudad.

Lo curioso es que este edificio guarda una estrecha relación con España, que fue quien impulsó su creación y no en tiempos coloniales sino bastante más recientes. Todo empezó en 1897, cuando la prestigiosa actriz y directora María Guerrero, renovadora del arte dramático y de su puesta en escena, arribó a la capital argentina con la compañía que dirigía su marido, Fernando Díaz de Mendoza. Su triunfo fue apoteósico hasta el punto de que cada año se esperaba la llegada de su gira con impaciencia. Fruto de esta amistosa reciprocidad, la actriz decidió financiar la construcción de un gran teatro en 1918.

La idea entusiasmó en Argentina pero también en España, donde una decena de ciudades donaron diversos materiales (azulejos, pintura, tapices, cortinajes, lámparas…) y el rey Alfonso XIII solicitó a todos los buques que viajaban al puerto bonaerense que fueran trasladando dichas piezas. Con ellas y lo aportado en propio suelo local los arquitectos Fernando Aranda y Emilio Repetto diseñaron un edificio inspirado en el de la Universidad de Alcalá de Henares, mezclando estilos plateresco y herreriano. Setecientos trabajadores aunaron esfuerzos para erigirlo y el 5 de septiembre de 1921 se inauguró con una representación de la obra de Lope de Vega La dama boba, protagonizada, claro está, por María Guerrero. Ésta rechazo modestamente que se diera su nombre al lugar.

Quien reserve alguno de los vuelos baratos a Buenos Aires y lo visite podrá admirar los tres salones que lo componen: el principal es el María Guerrero, de estilo italiano, que tiene capacidad para 860 espectadores entre su platea, palcos y balcones; luego está el Orestes Caviglia, pensado para que 150 personas asistan a conciertos de cámara y otros espectáculos pequeños; por último el Luisa Vehil, también llamado Dorado por su parecido con el salón homónimo del Palacio Real de Madrid (a su vez conocido como Salón María Luisa), carece de platea y escenario porque es polivalente.

Sin embargo faltó poco para que el teatro desapareciera. En 1926 los altos costes de mantenimiento provocaron el endeudamiento del matrimonio Guerrero-Díaz, algo que se pudo salvar gracias a la intervención del artista Enrique García Velloso, quien convenció al gobierno de Marcelo Torcuato de Alvear para que el Estado se hiciera cargo. Desde entonces, el teatro pasó a ser patrimonio nacional. Pero el dinero no pudo evitar el incendio que lo destruyó casi por completo en 1961. Una laboriosa reconstrucción tomando como modelo lo poco que se había salvado y completando el resto a base de documentación fotográfica permitió reabrirlo siete años después.