Archivos mensuales: marzo 2010

El Arco de la Defensa de París

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Afortunadamente abundan los vuelos baratos a París porque es una ciudad tan monumental, tan llena de atractivos, que hay que volver más de una vez para poder ver lo mínimo. El Grande Arche de la Fraternité, más conocido como Arco de la Defensa por el nombre del distrito en que se encuentra (La Défense), no suele estar entre las visitas prioritarias del turista. Sin embargo es una buena opción para conocer la parte más moderna de la ciudad.

Es ésta una isla de la que brotan rascacielos de acero y cristal, una zona financiera con 3 millones de metros cuadrados de oficinas, un cuarto de millón de superficie comercial y 42 hectáreas de espacios abiertos decorados con fuentes y esculturas que forman un auténtico museo al aire libre humanizando el entorno. Aquí se halla el lugar elegido por ex-presidente Francois Miterrand en 1982 para erigir un monumento futurista, en la línea de la famosa pirámide del Louvre que también él impulsó. Para ello se convocó un concurso arquitectónico al que se presentaron 424 proyectos y que finalmente ganó el alemán Johann-Otto von Sprecken. Su idea tuvo que ser completada por Paul Andreu por el fallecimiento del anterior pero en 1989, coincidiendo con el bicentenario de la Revolución Francesa, se inauguró la obra con un desfile militar.

Se trata de un gran arco de 300.000 toneladas sostenidas por 12 pilares relleno de placas de neopreno. Las caras exteriores están cubiertas con paneles de vidrio de 5 centímetros de grosor mientras que para las interiores se colocó mármol de Carrara blanco. El conjunto es de dimensiones gigantescas: aunque en las fotos no da esa sensación, bajo sus 108 metros de ancho, 110 de altura y 112 de profundidad cabría perfectamente la Catedral de Notre-Dame. Está concebido como una culminación del eje central de París, alineado con el Arco del Triunfo (que está a 6 kilómetros) y el del Carrusel siguiendo los Campos Elíseos; en realidad la alineación no es exacta, según algunos para dar mayor sensación de apertura, según otros porque los pilares de los cimientos obstaculizaban el paso de la línea 1 de Metro.

El Arco de la Defensa acoge sus caras laterales oficinas del Gobierno y la Comisión de Derechos Humanos de la Unión Europea mientras en la parte alta hay un centro de conferencias y exposiciones, un museo dedicado a la informática y un mirador con vistas espectaculares, casi como desde un vuelo. Se sube en ascensores y la entrada cuesta unos 9 euros (dos menos para niños y estudiantes), abriendo de 10:00 a 20:00 (a 19:00 en invierno).

Los enigmas de La Orotava (Tenerife)

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Una casa encantada, un sepulcro vacío, un jardín de diseño metafórico… Cualquier turista que coja uno de los vuelos baratos a Tenerife tiene una serie de visitas recomendables en la isla. Una de ellas, no lejos del Puerto de la Cruz, es la villa de La Orotava. Está situada en un fértil valle que lleva el mismo nombre y que incluye una parte del Teide. Es un lugar precioso pero lleno de atractivos misterios que empiezan por el propio término, cuyo origen no se sabe con exactitud aunque sí que es guanche: ¿apelativo de la región -Arautava- o del antiguo menceyato (reino) aborigen de Taoro?

Otro de los enigmas está en su escudo heráldico: perdido en un incendio a finales del siglo XIX, no quedó un solo modelo que indicara su aspecto, de ahí que el rey Alfonso XIII tuviera que conceder otro años después. El dibujo representa al Jardín de las Hespérides, que en la Antigüedad se situaba en el archipiélago canario.

La villa tiene un interesante casco histórico que fue declarado Monumento Nacional Histórico-artístico en 1976. En él es posible ver una serie de lugares de lo más interesantes. El primero, la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, templo barroco de extraña apariencia (guarda cierto parecido con la Torre de Londres, como se ve en la foto) levantado sobre los restos de otro destruido por un terremoto; es Monumento Nacional. Otro edificio religioso destacable es el convento de Santo Domingo de Guzmán, desamortizado en el siglo XIX y actualmente sede del Museo de Artesanía Iberoamericana; lo curioso es que cambió de santo, pues antes estaba dedicado a San Benito.

En arquitectura civil hay que mencionar tres casas sobre todo. La de los Fonseca recibe el apelativo popular de los Balcones por el gran balcón corrido del piso superior y los cinco de la segunda planta, todos ellos tallados elegantemente en madera; la Casa Lercaro, barroca, acoge el Museo de Historia de Tenerife pero además presume de tener su propio fantasma, el de la hija de la familia propietaria, que según la leyenda se suicidó cuando quisieron casarla contra su voluntad con un hombre mayor. Por último, la llamada del Turista, de los Molina, en la que hay una muestra en pequeño de esa costumbre local de cubrir las calles con pétalos y la plaza Mayor con una alfombra de arenas de colores durante el Corpus Christi.

También puede ser interesante una visita al cementerio. Se construyó cuando en las iglesias ya no quedó sitio para más enterramientos y fue obra de un escultor llamado Fernando Estévez, que le confirió el estilo romántico propio de la época. Es como un parque pero con tumbas, nichos y los elegantes panteones de los apellidos más pudientes.

Precisamente un representante de estos ilustres linajes, el marqués de la Quinta Roja, protagoniza otro enigmático capítulo. Al fallecer se vetó su inhumación en el camposanto por ser masón, así que su familia construyó un panteón en los jardines de su propiedad. Al final sí fue admitido, por lo que el sepulcro quedó vacío, añadiendo una gota más de misterio al propio entorno en que se halla, pues el francés Adolphe Coquet diseñó dicho jardín –Victoria, se llama- siguiendo los dictados simbólicos de la masonería.

Tenerife es algo más que Teide y playas, como se ve. Tiene rincones con personalidad suficiente como para inducir al viajero a mirar el buscador de vuelos desde otra perspectiva.

El Museo Sherlock Holmes

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Ahora que el detective más famoso de la historia acaba de ser revisado en el cine puede ser un buen momento para tirar de vuelos baratos a Londres y visitar el lugar dedicado a su memoria: el Museo de Sherlock Holmes.

Cuatro novelas y cincuenta y seis relatos cortos narran las aventuras de este pintoresco personaje creado por el escritor escocés Arthur Conan Doyle quien, aunque terminó harto de su creación y la hizo morir en los Alpes, no tuvo más remedio que retomarla ante el clamor de los lectores. El detective y su inseparable amigo el doctor Watson, vivían en el 221 B de Baker Street; ¿qué mejor dirección, pues, para poner su museo?

En la época en que se suponía que transcurrían las aventuras de Holmes y Watson, entre 1881 y 1907, no existía ese número: la calle terminaba en el 85. Pero en 1930 había crecido lo suficiente y fue renumerada, instalándose en el 221 la Abbey Road Building Society. Pronto empezó a recibir centenares de cartas enviadas por fans de las novelas y la entidad demostró ejemplar mano izquierda contratando personal para ocuparse de ellas en vez de destruirlas; fue la misma actitud que demostraría luego costeando una estatua en bronce del detective que hoy se puede ver junto a la salida del Metro.

Sin embargo, en la actualidad es la Sociedad Internacional de Sherlock Holmes la que ocupa el 221 de Baker Street. El 27 de marzo de 1990 abrió el museo que lleva su nombre tratando de reproducir con la mayor fidelidad posible, siguiendo las descripciones literarias, la residencia de Holmes, Watson y su casera, la señora Hudson. Un falso bobby hace guardia en la entrada, atrayendo al público con la oferta de retratarse junto a él. Él abre paso a la tienda oficial, donde se puede comprar toda clase de artículos relacionados con las historias de Conan Doyle y el Londres victoriano en general. Desde ahí, pagando seis libras, se sube a la vivienda.

En el primer piso están las dependencias de Holmes, una salita con butacas en torno a una chimenea donde se puede uno sentar, ataviarse con la clásica gorra de cuadros (los seguidores de Watson optarán por un bombín) y, portando una pipa y una lupa, inmortalizarse en foto o vídeo diciendo esa frase que Holmes no pronuncia jamás en los libros: “Elemental, querido Watson”. El resto de la estancia, exhuberantemente decorada como corresponde a los tiempos, está compuesto por una mesa-laboratorio, otra con el desayuno preparado y un muestrario de armas decimonónicas.

El segundo piso es para el doctor: fotos, libros, un maletín médico sobre la cama… También están los aposentos de la señora Hudson. En cuanto al tercero, es una exposición de escenas de las aventuras del personaje recreadas con figuras a tamaño natural, aunque en realidad las hay por toda la casa. Por supuesto, no faltan el profesor Moriarty ni Irene Adler.

Al salir se puede escribir la opinión en un libro ad hoc y llevarse, como curiosidad, una tarjeta del detective por si algún día hacen falta sus servicios. Para culminar la jornada hay cerca un pub temático. En conjunto es una visita divertida y curiosa que hay que apuntar si se aprovecha alguno de los viajes baratos la capital británica.

Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados (Valencia)

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El patrón de Valencia es San Vicente pero la patrona es Nuestra Señora de los Desamparados, hecho que no deja de ser curioso si se tiene en cuenta que originalmente, como su propio nombre indica, lo era de los locos, los disminuidos psíquicos, los reos de muerte… Hoy sin embargo, quien haga uso de los vuelos baratos y llegue a la ciudad del Turia se encontrará con que es una figura muy querida por los valencianos, y su iglesia preferida por muchos a la Catedral.

Una catedral de la que es difícilmente separable, pues comparten espacio una junto a otra en la Plaza de la Virgen; incluso están unidas por un arco bajo el que hay dos ventanucos enrejados para ver a la patrona cuando está cerrado el templo. Y embelleciendo el entorno, la Fuente de la Acequia. Un entorno que en su día correspondió al foro romano -actualmente llamado La Almoina-, del que algunas lápidas sobreviven en la misma fachada de la basílica formando parte de la pared.

La talla, gótica aunque la leyenda diga que los autores fueron ángeles (las ricas vestiduras que porta son posteriores), pertenecía a la Cofradía de los Inocentes, que se ocupaban de dar sepultura a los ajusticiados. Como debían poner la figura sobre los ataúdes, yacente, se la hizo con la cabeza ligeramente adelantada, para apoyarla en un cojín. Al dejarla luego como estatua vertical se la ve inclinada hacia delante, por lo que los valencianos la llaman cariñosamente la Geperudeta (la jorobadita). El nombre definitivo -el verdadero, no el mote- se lo concedió Fernando el Católico en 1493.

En el siglo XVII la visita de Felipe IV y la curación del virrey Oropesa de la peste, atribuida a la intercesión de la Virgen, decidió a construirle una iglesia digan en lugar de la humilde capilla donde se la veneraba. Diego Martínez Ponce de Urrana diseñó un lugar de planta oval por su simbolismo mariano, en sobrio estilo renacentista del que el mejor ejemplo es la fachada: articulada por pilastras compuestas, tiene arquitrabe, friso y cornisa, como los templos clásicos. Más tarde se le añadieron un Camarín barroco con planta de cruz griega y una segunda cúpula superpuesta a la anterior, más una rica decoración interior mediante restablos y bóvedas pintadas al fresco por el pintor de cámara de Carlos II, Antonio Palomino.

En 1872 la iglesia fue consagrada como basílica, lo que originó más planes de engrandecimiento. Salvo las vidrieras colocadas en los años veinte, nunca se pudieron poner en práctica porque aparecieron restos romanos (el foro) que los retrasaron y luego estalló la Guerra Civil durante la cual, por cierto, se perdieron la mayor parte de los frescos por un incendio. No obstante, la Basílica de Nuestra señora de los Desamparados es Monumento Histórico Artístico Nacional desde 1981 y se estudia la forma de ampliar su superficie respetando el legado arqueológico.

Reservar plaza en alguno de los vuelos baratos a Valencia debe llevar implícito una visita a este recoleto sitio tan representativo de la ciudad y sus tradiciones: no debe olvidarse que los valencianos hacen una ofrenda floral a la Virgen durante las Fallas.

Monasterio de San Martín Pinario (Santiago de Compostela)

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Es necesario coger uno de los vuelos baratos a Santiago de Compostela para conocer el segundo monasterio más grande de España después de El Escorial, con 2,2 hectáreas. Hablamos de San Martiño Pinario, un lugar no tiene la fama que merece al hallarse en las plaza de la Azabachería, a la sombra de la Catedral del Obradoiro.

Sin embargo, este convento es ya antiguo, pues fue fundado por una comunidad benedictina al poco de descubrirse los restos del Apóstol, allá por el siglo X. El lugar se llamaba Pignario y ya había una ermita, la de la Corticela, hoy integrada en el conjunto catedralicio. El cenobio inicial era sencillo, austero, pero en 1494 pasó a depender de la comunidad benedictina de Valladolid y experimentó un enriquecimiento importante. La fachada es una muestra de ello: estructurada en tres partes y cuatro pisos, la portada está decorada con cuatro columnas dóricas que enmarcan una estatua de San Bietio. El arquitecto Fernando de las Casas añadió posteriormente una estructura superior en la que figuran el escudo nacional rodeado de vieiras y,coronando, la figura de San Martín de Tours.

Sin embargo es la iglesia la que realmente muestra el esplendor alcanzado: la original, de 1109, fue consagrada por el obispo Gelmírez pero luego fue reedificada para hacerla más suntuosa. En su construcción intervinieron artistas de varios puntos peninsulares, desde Portugal (Mateo López y González de Araujo, su diseñador) a Granada (Bartolomé Fernández Lechuga, autor de la cupula nervada de media naranja), pasando por Salamanca (Peña y Toro, que tuvo que hacer muros de contención al ceder los originales) o, incluso, profesionales religiosos como fray Tomás Alonso y fray Gabriel Casas, que colaboraron en la fachada, los dos claustros, el campanario y las dependencias.

La fachada es plateresca, con imágenes de la Virgen, San Bietio y San Bernardo y, en el frontón, San Martín repartiendo su capa con un pobre. Tiene dos curiosidades: primero, la espectacular escalera de acceso para salvar el desnivel imitando a la del Obradoiro; esta vez es obra de un gallego, Plácido Camiño. La otra son los torreones truncados, cuya altura no supera la del techo por orden del Cabildo Catedralicio. Ya en el interior la planta es de cruz latina, con el brazo principal dividido en tres naves con tribuna y el crucero festoneado de capillas que se comunican entre sí. Está cubierta con bóveda de cañón de casetones falsos. El retablo mayor barroco y la preciosa sillería del coro, una de las más importantes de España, obra de Mateo del Prado, son sólo un anticipo de las riquezas que pueden verse en el museo.

El monasterio terminó desamortizado en 1835 y ahora se usa como Seminario, Escuela de Teología y Escuela de Trabajo Social. Quien aproveche las ofertas de vuelos para acercarse a Santiago de Compostela y visitarlo sólo ha de pagar 2,50 euros (uno menos si es estudiante, peregrino, jubilado).

Foto:www.commons.wikimedia.org

El peñón de Ifach

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Quien tenga pensado reservar alguno de los vuelos baratos a Alicante debe considerar la posibilidad de hacer una escapada hasta la población de Calpe para ver el singularísimo peñon de Ifach, gigantesco afloramiento rocoso que parece brotar del mar para dar carácter a los alrededores. Y, por supuesto, es recomendable subir hasta lo alto, pues si bien el trayecto dura un par de horas el esfuerzo no es excesivo.

El peñón, con sus 47 hectáreas de superficie y 332 metros de altura, procede de un desgajamiento de la cercana Sierra de Oltá, desde la que se fue deslizando hacia la costa hasta quedar unido a tierra sólo por un estrecho istmo de detritos que separan las playas del lado norte (Levante y La Fossa) de las del sur (Cantal Roig y Arenal-Bol). Las numerosas especies que lo habitan, tanto vegetales (tres centenares) como animales, de las que destacan las 80 de aves (cormoranes, gaviotas, vencejos, cernícalos, alcatraces y halcones) y las marinas (langostas, crustáceos, moluscos, corales, esponjas…) han llevado a convertirlo en Parque Natural (1987), instalándose allí un Aula de la Naturaleza y una sala de exposiciones.

Esta gran roca calcárea, que es vértice geodésico, estuvo habitada desde muy antiguo. En su base se han encontrado restos de un poblado íbero cuya cronología se sitúa entre los siglos IV-III a. C. En tiempos de dominación romana la población prefirió asentarse en la falda y en la Edad Media se poblaron las laderas, pues aún hay restos de una muralla árabe y torreones de vigilancia. En realidad el mismo peñón servía para vigilar el horizonte en prevención de la llegada de piratas berberiscos (en un día claro se pueden otear los montes de Ibiza), al igual que era una referencia para los marinos (y para las aves migratorias).

Durante un tiempo los escaladores encontraron un filón en las paredes cortadas a pico que dan al Mediterráneo, actividad que hoy no puede llevarse a cabo para proteger las anidaciones de las aves. En 1918 el propietario (entonces era terreno privado) abrió un túnel de 30 metros para acceder a la vertiente marina. Hoy ese paso forma parte del itinerario antes mencionado que parte del Aula y que tiene un desnivel suave que permite la subida a todos los públicos.

En suma, una agradable excursión para la cual hay amplios horarios de mañana y tarde, incluidos fines de semana, que se puede completar luego (o antes) visitando Calpe. Sólo hay que teclear Alicante en la casilla correspondiente del buscador de vuelos.

Hospital de la Caridad, Sevilla

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Muchos de los turistas que adquieren billetes en los vuelos baratos a Sevilla suelen centrar sus visitas en la Giralda, la Torre del Oro o la Plaza de España, ignorando que el Hospital de la Caridad es uno de los lugares más interesantes de la ciudad andaluza, poseedor de un importantísimo patrimonio artístico. Eso sí, se agradece no tener que aguardar colas y poder sacar fotos sin masas humanas de fondo. Al fín y al cabo aún se usa como residencia de ancianos.

El Hospital, enclavado en el barrio del Arenal, ocupa las naves de lo que en su tiempo fueron las Reales Atarazanas de Alfonso VI, de las que hoy apenas queda un arco. Era la sede de la Hermandad de la Santa Caridad, creada en el siglo XV, aunque su época álgida llegaría dos más tarde con el nombramiento como Hermano Mayor de Miguel de Mañara. Éra éste un noble de vida disoluta (se dice que inspiró el personaje de don Juan Tenorio) que cambió radicalmente para dedicarse al servicio de los desamparados. La Hermandad se ocupaba inicialmente de asistir a enfermos abandonados y enterrar ajusticiados y ahogados en el mar. Bajo la dirección de Mañara se acometió la construcción de un hospital que se ocupara de los muchos enfermos que dejó por entonces una epidemia de peste en Sevilla.

El edificio corrió a cargo de Pedro Sánchez Falconete. Tiene un patio dividido en dos por una galería que sostienen columnas toscanas y arcos de medio punto; cada parte está decorada con una fuente escultórica italiana (la Fe y la Caridad) y escenas de la Biblia en los muros representadas mediante mosaicos de azulejos, si bien no son originales del lugar (son holandese y se trajeron del convento de los Descalzos de Cádiz). Del segundo patio se pasa a la Sala de Cabildos, donde los Hermanos votaban y tomaban las decisiones que regían la comunidad. Ahora está dedicada a la figura de Mañara, del que se conservan objetos personales como su espada o una máscara mortuoria. Su tumba está en la puerta de la iglesia, lugar elegido por él para que todos le pisaran al pasar.

Y lo más destacado quizá sea precisamente la iglesia barroca, no sólo por la arquitectura en sí -una sola nave cubierta con bóveda de cañón y cúpula sobre el presbiterio, obra también de Sánchez Falconete (excepto la fachada, que es de Leonardo de Figueroa) sino también por las pinturas de su interior. De sus muros laterales colgaban seis cuadros de Murillo sobre la misericordia, cuatro de los cuales fueron expoliados por el mariscal Soult durante la ocupación francesa y actualmente está repartidos por museos del mundo (se han sustituido por copias); sobre la entrada cuelga el siniestro Finis gloriae mundi y, enfrente, el igualmente impresionante In ictu oculi, ambos de Valdés Leal, quien también colaboró en el retablo mayor con Pedro Roldán.

Quien aproveche algún vuelo para visitar este interesante lugar ha de saber que abre de lunes a sábados de 10:00 a 13:00 y de 15:30 a 18:00.

La Trinity Church de Nueva York

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Esa iglesia que se ve en la foto empequeñecida, casi aplastada, por la imponente mole de los rascacielos vecinos es la Trinity Church de Nueva York. Iglesia de la Trinidad, para entendernos, que pese a la apariencia no es católica sino protestante. Visitarla aprovechando las ofertas de vuelos a la ciudad norteamericana resulta doblemente interesante porque se halla situada en la plaza del mismo nombre, en el cruce entre Wall Street y Broadway, con lo que eso conlleva de historia reciente.

Primero hay que remontarse a 1696, cuando el gobernador Benjamin Fletcher compró unos terrenos para ceder a la comunidad anglicana local con cargo a Inglaterra. Más concretamente a Su Graciosa Majestad William III de Orange… y, cuenta la leyenda, a las humildes aportaciones de otro William, Kidd, el famoso pirata, se supone que con dinero español. La iglesia episcopal que se erigió al año siguiente quedó destruida en un incendio provocado por, ironías del destino, el bombardeo británico de la ciudad en 1776, ya en plena Guerra de Independencia. Conseguida la emancipación se levantó un segundo edificio que fue demolido en 1839 y, siguiendo el diseño neogótico del arquitecto Richard Upjohn, hubo un tercero y definitivo -el actual- en 1846.

El interior no tiene mayor trascendencia (tres naves con una gran vidriera sobre el altar mayor) salvo las puertas de cobre que imitan las del Paraíso que hizo Ghiberti para el Baptisterio de Florencia en el Quatroccento, pero por fuera está construido en rara piedra marrón y alza su torre casi hasta los 86 metros, altura que fue el skyline de la ciudad de los rascacielos hasta la llegada de éstos. En el siglo XX las moles de hormigón, acero y cristal arrinconaron la iglesia tapándola con sus sombras: el Irving Trust, el Marine Midland Bank y el Trinity Building son los acosadores, por mucho que a este último se lo dotara de un estilo también neogótico para que no desentonase.

Alrededor hay un jardín con un pequeño cementerio en el que está enterrado, entre otras personalidades neoyorquinas, Robert Fulton, el inventor que aplicó la máquina de vapor a la navegación. Aunque aún se entierra a gente en él, el césped sirve sobre todo para que los brokers de la Bolsa descansen a mediodía y coman sobre la hierba. El 11 de septiembre de 2001 un árbol de este bosquecillo fue derribado por la onda expansiva del atentado contra las Torres Gemelas; milagrosamente, su copa cayó sobre la capilla de Saint Peter y la protegió contra la caida de escombros. Desde entonces allí puede verse una gran escultura en forma de raíces rojas del artista Steve Tobin.

La Trinity Church debería formar parte del programa de visitas al contratar vuelos baratos a Nueva York, la reina Isabel II ha pasado por allí alguna vez. Además la entrada es libre (también al pequeño museo) y, si son las 12:45 de un martes, es posible asistir a un concierto bajo su techo.

Foto: www.commons.wikimedia.org

Teatro Nacional Cervantes

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Uno de los edificios más importantes de Buenos Aires, catalogado como Monumento Histórico Artístico Nacional en 1995, es el Teatro Nacional Cervantes, situado entre la calle Libertad y la avenida Córdoba. Se trata del único teatro de consideración nacional de Argentina, por lo que merece una visita si el viajero está en suelo porteño aprovechando alguna de las ofertas de vuelos a la ciudad.

Lo curioso es que este edificio guarda una estrecha relación con España, que fue quien impulsó su creación y no en tiempos coloniales sino bastante más recientes. Todo empezó en 1897, cuando la prestigiosa actriz y directora María Guerrero, renovadora del arte dramático y de su puesta en escena, arribó a la capital argentina con la compañía que dirigía su marido, Fernando Díaz de Mendoza. Su triunfo fue apoteósico hasta el punto de que cada año se esperaba la llegada de su gira con impaciencia. Fruto de esta amistosa reciprocidad, la actriz decidió financiar la construcción de un gran teatro en 1918.

La idea entusiasmó en Argentina pero también en España, donde una decena de ciudades donaron diversos materiales (azulejos, pintura, tapices, cortinajes, lámparas…) y el rey Alfonso XIII solicitó a todos los buques que viajaban al puerto bonaerense que fueran trasladando dichas piezas. Con ellas y lo aportado en propio suelo local los arquitectos Fernando Aranda y Emilio Repetto diseñaron un edificio inspirado en el de la Universidad de Alcalá de Henares, mezclando estilos plateresco y herreriano. Setecientos trabajadores aunaron esfuerzos para erigirlo y el 5 de septiembre de 1921 se inauguró con una representación de la obra de Lope de Vega La dama boba, protagonizada, claro está, por María Guerrero. Ésta rechazo modestamente que se diera su nombre al lugar.

Quien reserve alguno de los vuelos baratos a Buenos Aires y lo visite podrá admirar los tres salones que lo componen: el principal es el María Guerrero, de estilo italiano, que tiene capacidad para 860 espectadores entre su platea, palcos y balcones; luego está el Orestes Caviglia, pensado para que 150 personas asistan a conciertos de cámara y otros espectáculos pequeños; por último el Luisa Vehil, también llamado Dorado por su parecido con el salón homónimo del Palacio Real de Madrid (a su vez conocido como Salón María Luisa), carece de platea y escenario porque es polivalente.

Sin embargo faltó poco para que el teatro desapareciera. En 1926 los altos costes de mantenimiento provocaron el endeudamiento del matrimonio Guerrero-Díaz, algo que se pudo salvar gracias a la intervención del artista Enrique García Velloso, quien convenció al gobierno de Marcelo Torcuato de Alvear para que el Estado se hiciera cargo. Desde entonces, el teatro pasó a ser patrimonio nacional. Pero el dinero no pudo evitar el incendio que lo destruyó casi por completo en 1961. Una laboriosa reconstrucción tomando como modelo lo poco que se había salvado y completando el resto a base de documentación fotográfica permitió reabrirlo siete años después.