Monasterio de las Descalzas Reales


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Una de las ventajas de tanta abundancia de vuelos baratos a Madrid es que se puede volver a la ciudad una y otra vez para visitar todos los lugares que quedan pendientes de viajes anteriores. Uno de ellos podría ser el Monasterio de las Descalzas Reales, que no suele figurar en los lugares prioritarios de las guías pese a su ubicación en pleno casco histórico y su pasado cargado de historia.

De hecho, el que también es conocido como Nuestra Señora de la Consolación está considerado como uno de los edificios religiosos más importantes de la capital, aunque quizá pasa algo desapercibido por su sobrio exterior plateresco de granito y ladrillo rojo ante el que antaño se aclamaba a reyes y príncipes. Algunos historiadores remontan su origen al palacio de Alfonso VI pero la mayoría opta por situarlo en el siglo XVI, como el alcázar donde Carlos I y su esposa Isabel de Portugal vieron nacer a su hija menor Juana de Austria (1535). Esta princesa se casó con el monarca Juan Manuel de Portugal y, al enviudar pronto, su hermano Felipe II la nombró regente mientras él viajaba a Londres para casarse con María Tudor. Dos años antes de retirarse de la vida política decidió fundar un convento de monjas franciscanas descalzas, clarisas, para damas de la aristocracia y realeza: allí profesaron gentes de la alcurnia de María de Austria, viuda del emperador Maximiliano de Habsburgo, o la hija de juan José de Austria, hermano de Carlos II. Por eso el lugar tiene tesoros de incalculable valor artístico y económico, fruto de donaciones.

Antonio Sillero y, después, Juan Bautista de Toledo dirigieron los trabajos de construcción sobre el palacio gótico. El complejo se inauguró en 1559, si bien la iglesia no estuvo lista hasta 1564. Ésta, de una sola nave y con bóveda de cañón obra del italiano Francesco Paciotto, que también trabajó en El Escorial, sería reformada por Diego de Villanueva en el siglo XVIII. Se ha perdido, sin embargo, el retablo mayor, calcinado en el incendio que en 1862 arrasó también las pinturas de las bóvedas (aunque éstas se pudieron restaurar al sobrevivir los dibujos).

Del edificio destaca el claustro, escenario de procesiones durante la Semana Santa, en cuyos muros se cuelgan los famosos tapices de Bruselas tejidos para la gobernadora Isabel Clara Eugenia (hija de Felipe II) con la representación de la Apoteosis de la Eucaristía, basados en cartones de Rubens. Precisamente en la capilla del claustro estaba el retablo con la conocida Anunciación de Fra Angélico, hoy en El Prado. En otra capilla del primer piso-museo se encuentra la tumba de la fundadora Juana de Austria, con una estatua orante de mármol blanco bajo templete renacentista tallada por Pompeo Leoni. Y no hay que olvidar la escalera principal, renacentista, decorada con un fresco de Felipe IV y su familia contemplando la escena desde un balcón simulado, mérito de Claudio Coello.

La visita se completa con la exposición del rico ajuar de las monjas, lleno de objetos preciosos, y la colección de pinturas, con autores como Zurbarán, Murillo, Brueghel el Viejo, Tiziano, Ribera… y esculturas de Gregorio Hernández o Juan de Mena, entre otros. En cambio no se podrá ver el coro porque una bomba lo destruyó durante la Guerra Civil.

Quien decida hacer uso de las mencionadas ofertas de vuelos debe tener en cuenta que el monasterio forma parte de Patrimonio Nacional y está abierto al público.

Foto: es.wikipedia.org

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