El Palau de la Música Catalana


palau de la musica2 500x345 El Palau de la Música Catalana

Quien haya escrito Barcelona en su buscador de vuelos y se haya planteado una visita a este exhuberante Palau de la Música Catalana debe tener en cuenta que, salvo que vaya en un tour, es difícil lograr verlo por dentro: no se hacen reservas y normalmente hay que sacar entrada con días de antelación. Ahora bien, si se consigue, merece la pena.

En 1904 el Orfeón Catalán le encargó al arquitecto Lluís Doménech i Montaner la construcción de una sede social, para lo cual se adquirieron los terrenos que ocupaba el viejo claustro del convento de San Francisco. Las obras duraron cuatro años y en 1908 una nueva joya del Modernismo, aún más suntuosa si cabe que las demás, se erigía en la calle Sant Pere més Alt, en el barcelonés barrio de La Ribera. concebido por su autor como una oda a Cataluña. Al estar en un callejón estrecho es difícil contemplar toda la fachada, realizada en ladrillo rojo con columnas y arcos decorados mediante mosaicos de trencadís (cerámica); quizá por eso la esquina del edificio se convierte en protagonista, con una enorme escultura de piedra (realizada por Miquel Blay) dominada por una gran figura femenina sobre la que se alza San Jorge y que, junto a otras figuras que representan tipos catalanes, es una alegoría de la cançó popular local.

Sin embargo lo más impresionante es el interior. El piso bajo está destinado a oficinas pero el vestíbulo, con una preciosa escalera que alterna piedra con vidrio, prepara al visitante para que, ya en la segunda planta, pueda enmudecer de asombro a la vista del auditorio, la gran sala de conciertos (2.049 personas de aforo) dominada por una espectacular cúpula invertida de vidrio que permite la iluminación natural de la estancia. Algo en lo que ayudan las paredes, también de cristal (caso único en Europa), con pilastras ornamentadas a través de motivos florales y cabezas de dragón entre otros muchos. El escenario, cuyo fondo lo constituyen los tubos del órgano, se halla flanqueado por esculturas de Diego Massana (terminadas por Pablo Gargallo) que representan la música internacional (Cabalgata de las walkirias; Wagner siempre tuvo muchos seguidores en la ciudad condal) y la de Anselm Clavé, creador del Orfeón.

Falla, Stravinsky, Ravel, Prokofiev, Strauss, Caballé y otros clásicos dejaron su arte en el Palau. Pero también Ella Fitzgerald, Serrat, Raimón y actores, pues es un local multidisciplinar. Tanto que incluso alberga actos políticos: en 1960 el público cantó el Els segadors en el centenario del poeta Joan Maragall como protesta por la prohibición franquista, terminando todo con la intervención de la Policía.

En 1971 se declaró Monumento Nacional al Palacio, procediéndose a una restauración. Entre 1983 y 1989 el arquitecto Óscar Tusquets dirigió una ampliación a través de un edificio adosado y en el año 2000 se dotó a éste de biblioteca, archivo y camerinos. Trea años antes, en 1997, la UNESCO le había concedido la categoría de Patrimonio Mundial. Si además de visitarlo turísticamente aprovechando los vuelos baratos a Barcelona se puede asistir a alguno de los más de doscientos conciertos que hay al año, tanto mejor pues su acústica es excepcional.

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