Quien siga nuestroblog recordará que ya hemos hablado del Capitolio de Roma. Pero entonces circunscribimos nuestros comentarios a la plaza diseñada por Miguel Ángel. Hoy vamos a ocuparnos de sus Museos, que fueron los primeros de la Historia en abrirse al gran público por orden del papa Clemente XII Corsini en 1734.
Si se hace una visita al lugar aprovechando los vuelos de bajo coste no hay que despistarse y sí caer en la cuenta de que tienen dos palacios como sede, uno frente a otro. El primero es el Palazzo Nuovo, proyectado también por el artista florentino aunque no se terminaría hasta 1654, ya en estilo barroco, de la mano de los hermanos Rainaldi. Se trata prácticamente de una gliptoteca ya desde 1471, en que el papa Sixto IV donó a la ciudad un importante grupo de esculturas, la mayoría copias romanas de originales griegos. El museo se estructura en dos pisos pero hay algunos puntos de especial interés: es el caso de la Sala de los Filósofos, que exhibe bustos de sabios griegos procedentes de jardines y bibliotecas y que, pese al nombre, también incluye retratos de políticos romanos. Con ellos descuellan además la Venus Capitolina, el Gálata moribundo y un Discóbolo transformado en guerrero en el siglo XVIII. La estrella, sin embargo, es la estatua ecuestre de Marco Aurelio, un bronce del siglo II d. C. que en 1997 fue retirado de su ubicación original en el centro de la plaza para protegerlo del deterioro.
La segunda sede es el Palazzo dei Conservatori, sede renacentista de los tribunales de justicia construida por Giacomo della Porta siguiendo el diseño de Miguel Ángel, que murió al poco de empezar las obras. Aquí encontrarás pinturas de importantes maestros como el Veronés, Tiziano, Tintoretto, Rubens, Van Dyck o Caravaggio; de éste último es la más celebrada, un joven y poco ortodoxo San Juan Bautista. No obstante, vuelven a ser las esculturas las que se llevan la mayor atención: la delicada Venus Esquilina es casi la contraposición de la cabeza de Constantino, único resto -junto con una mano- de la colosal estatua del primer emperador cristiano. Pero este palazzo es, sobre todo, la “casa” de la Loba Capitolina, el símbolo romano por excelencia: tallada en bronce en el siglo V a. C., las figurillas de Rómulo y Remo que están siendo amamantados fueron añadidos un milenio después.
Los Museos Capitolinos tienen que formar parte de cualquier visita a la capital italiana cuando se reserva billete entre los vuelos baratos a Roma.
