
Si has aprovechado alguno de los vuelos baratos a París y paseas por el Marais, en la orilla norte del Sena, descubrirás un barrio muy diferente al original del siglo XIV, cuando creció al calor de su cercanía con la Corte del Louvre. Y, sin embargo, en cierto modo, es un reflejo actual de la privilegiada zona en que se convertiría tres centurias después; si entonces la nobleza erigió allí sus hotels, es decir, sus suntuosos palacetes, hoy es un lugar de alto standing con toques chic que ha atraído al colectivo gay para asentar su residencia.
Empecemos por el principio. Y al principio, como indica su propio nombre, el Marais (marisma) era un territorio pantanoso que no adquirió relevancia hasta el reinado de Carlos V. Luego vivió momentos de gloria con las residencias aristocráticas de las que aún se pueden ver algunos buenos y bellos ejemplos. Son los casos del renacentista Hotel Sully o del Hotel de Lamoignon, aunque los más destacados han sido reconvertidos en museos: así, el renacentista Hotel Carnavalet y el Hotel le Peletier de St. Fargeau ilustran conjuntamente la Historia de la ciudad desde época romana hasta la actualidad, mostrando, entre otras originales piezas, una maqueta de La Bastilla fabricada con la piedra original o la última carta de Robespierre, aún con restos de sangre; el Hotel Liberal Bruand es un museo de cerraduras (!); el Hotel Salé acoge el Museo Picasso, la más importante colección sobre el artista; y, ya en el número 6 de la preciosa Place des Vosgues, donde antaño se celebraban justas y torneos, puedes visitar la casa de Victor Hugo, autor de Los Miserables y Nuestra Señora de París.
Y eso que el Marais superó una etapa de cierto abandono en el siglo XIX. Pero fue redescubierto y restaurado, declarándose como patrimonio protegido la práctica totalidad del barrio. En torno a sus calles principales, como la rue des Rosiers que acogía a la población judía de París, brotaron galerías de arte y boutiques de moda, restaurantes de varios tenedores y tiendas de antigüedades. También museos, como hemos mencionado, aunque nos falta reseñar otros igual de interesantes: el Museo Cognacq-Jay, de pinturas y muebles dieciochescos, y el Museo Kwok-On, dedicado al arte del teatro oriental. Un último atractivo es el cementerio de Pere-Lachaise, cuyas tumbas famosas visitan los turistas exactamente igual que si de un museo se tratara: aquí están enterrados pintores impresionistas, mariscales de Napoleón, escritores inmortales -valga la ironía- y cantantes malditos.
¿No te animas a pasear por este entorno acomodado y tranquilo? Desde luego, no será por falta de ofertas de vuelos.