
Hay que coger alguno de los vuelos baratos a Sevilla para poder visitar la que se considera segunda pinacoteca más importante de España, ubicada en la plaza del Museo, con una estatua de Murillo presidiendo simbólicamente su entrada.
La sede de esta institución fue el convento de la Merced Calzada de la Asunción. La orden que lo ocupaba, fundada por Fernando III tras la reconquista de Sevilla a los musulmanes, residió tras sus muros mudéjares durante siglos hasta que en 1603 se derribó para levantar un nuevo edificio barroco. Una curiosidad: el escritor Tirso de Molina fue uno de los habitantes temporales del monasterio. Pero en 1835 los tiempos estaban revueltos. El ministro de Hacienda Mendizábal dictaba su famosa orden de desamortización, obligando a los frailes a abandonar su casa, que pasó a convertirse en un museo que acogía obras religiosas de todos los cenobios desamortizados.
El edificio experimentó tres remodelaciones. Una fue en la segunda mitad del siglo XIX y consistió en un alicatado con azulejos procedentes de conventos vacíos; otra, entre 1942 y 1945, cambió la fachada principal y convirtió la sacristía en el llamado Patio de las Conchas; la tercera se llevó a cabo entre 1985 y 1993 y supuso una rehabilitación total.
La fachada que puedes ver hoy en la plaza es la que antes estaba en la angosta calle Bailén. La diseñó Miguel de Quintana en 1729 con columnas salomónicas enmarcando una gran hornacina en la que están la Virgen de la Merced, San Pedro Nolasco (fundador de la orden, cuyo escudo preside el monumento) y Jaime I de Aragón. Respecto al interior, es obra de Juan de Oviedo y consta de tres patios ajardinados unidos por una escalera, además del vestíbulo azulejado y la iglesia.
Como decíamos antes, la colección se formó con obras de los conventos expropiados, por eso predomina la temática religiosa, aunque las donaciones particulares del siglo XIX la enriquecieron con otro tipo de piezas aparte de los lienzos: cerámicas, tapices, muebles, armas… Todas ellas se exhiben en la Casa-museo. No obstante, lo verdaderamente importante son las pinturas, distribuidas en dos plantas por catorce salas. En la baja encontrarás las obras medievales, renacentistas, las de pequeño formato, las del pintor Francisco Pacheco y las de grandes maestros sevillanos del Barroco, como Murillo. En la planta alta continúa el Barroco sevillano con los discípulos del anterior más Valdés Leal, Zurbarán y Velázquez, todos ellos nacidos en la capital andaluza; también hay secciones para el Barroco europeo (Lucas Cranach, por ejemplo), pintura del siglo XVIII y el Romanticismo decimonónico (Valeriano Bécquer, el hermano del poeta).
El Museo de Bellas Artes de Sevilla merece una visita, pues es difícil encontrar reunidos a tantos genios de arte con algunas de sus obras clave: la Inmaculada (Valdés Leal), San Hugo en el refectorio (Zurbarán), la Virgen de la Servilleta (pintada por Murillo sobre una servilleta), etc. Tenlo en cuenta cuando pongas el nombre de la ciudad en tu buscador de vuelos.