La Sainte Chapelle de París


shutterstock 23211277 La Sainte Chapelle de París

Si tomas uno de los vuelos baratos a París podrás pisar el umbral de la Puerta del Cielo. Así es cómo en la Edad Media llamaban los franceses a la Santa Capilla, una obra maestra del gótico diseñada, presuntamente, por el mismo arquitecto de Notre Dame, Pierre de Montreuil. Y eso que la mayoría no podían visitar la planta superior, más espectacular aún que la baja, porque estaba reservada a la realeza y la Corte.

Este singular edificio está concebido como un gigantesco relicario. Su patrocinador fue el rey Luis IX, un monarca tan pío que terminaría canonizado. Luis se dejó llevar por una moda de la época como era el coleccionismo de reliquias sagradas y, entre 1239 y 1241, se gastó una fortuna en comprar un lignum crucis, la punta de la lanza que se clavó en el costado de Cristo, la esponja con la que se secó su sangre y, sobre todo, la corona de espinas, vendida por el emperador Balduino II de Constantinopla. Fue mayor este desembolso -130.000 libras- que lo que costó construir la Santa Capilla donde debían guardarse dichas reliquias -40.000-.

La iglesia se terminó en 1248 como capilla palatina. Desde el exterior puedes ver una fachada estructurada en dos alturas, cada una con su correspondiente portada. Ambas apuntadas, con arquivoltas y parteluz, pues el estilo del edificio es gótico temprano, que en la modalidad francesa recibe el nombre de rayonnant. Siguiendo hacia arriba encontrarás el enorme rosetón (9 metros de diámetro), cuyos 86 cuarterones tienen escenas del Apocalipsis. Fue un regalo de Carlos VIII en 1485. Coronando el conjunto están los dos pináculos decorados con coronas de espinas.

El verdadero espectáculo, no obstante, está en el interior. La capilla de la planta baja, dedicada a la Virgen, era un oratorio para el pueblo llano que se quedaba estupefacto viendo aquellas paredes decoradas en oro y la bóveda pintada de azul con estrellas emulando la celeste (de ahí el nombre de Puerta del Cielo). Tiene tres naves -la central mucho más ancha- y los bajos pilares sirven para sostener, con las nervaduras casi al alcance de la mano, todo el peso del edificio. La capilla superior es aún más impresionante, no en vano se accedía sólo desde el palacio. Doce pilares, cada uno dedicado a un apóstol (representados en tallas de madera), separan las quince vidrieras de veinte metros de altura que representan un millar de escenas de la Biblia (Génesis, Éxodo, Deuteronomio, Libro de los Reyes, Nuevo Testamento…). En total 670 metros cuadrados de vitrales (junto con el rosetón) con predominio de azules, rojos y amarillos que combinan con otra bóveda celeste pintada en el techo.

En el exterior la Sainte Chapelle está coronada a los 75 metros por una aguja diseñada por Eugéne Viollet-le-Duc en 1853 para sustituir a las dos anteriores perdidas en incendios. Al lado está la figura de un ángel portando una cruz, colocada de forma que se pudiera desde todo París (en otros tiempos, claro). Quizá él veló para que la destrucción de la Revolución Francesa no afectara a la iglesia: fue reconvertida en oficina y, paradójicamente, las estanterías que se pusieron tapando las vidrieras sirvieron para mantenerlas a salvo.

Recuerda que en alguno de tus viajes baratos deberías visitar esta maravilla. Está en el 4 boulevard du Palais, parcialmente tapada por la Conciergerie (el Palacio de Justicia), en la isla de la Cité; justo frente a la catedral de Notre Dame.

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