El South St. Seaport y el puente de Brooklyn


shutterstock 37201438 El South St. Seaport y el puente de Brooklyn

Nueva York se ha convertido en uno de los destinos favoritos para los turistas europeos y españoles gracias a la cotización del euro respecto al dólar. Y en consecuencia hay una gran oferta de vuelos a la ciudad de los rascacielos.

Una de las zonas emblemáticas que debes visitar es el South Street Seaport, lo que era el antiguo puerto decimonónico, sometido a un programa de rehabilitación en 1967 tras años de abandono y decadencia. Así, ya no encontrarás marineros y estibadores, pues han sido sustituidos por turistas cámara en ristre que deambulan entre los cafés, museos y centros comerciales que ocupan el lugar de las tabernas y burdeles de antes.

Las dársenas vuelven a rebosar embarcaciones pero ahora son elegantes balandros a vela y los edificios clásicos acogen en la actualidad locales de hostelería y tiendas de moda. Son los casos, por ejemplo, del Meyer’s Hotel, que en 1873 alojara a la pistolera Annie Oakley; o del Schenmerhorn Row, viejo almacén bicentenario de estilo georgiano donde ahora puedes elegir entre varios pubs; o del Cannon’s Walk, bloque de edificios de finales del siglo XIX y principios del XX transformado en mercado. En cambio sigue en activo el Fulton Fish Market, una lonja de pescado con una solera de más de ciento cincuenta años.

El South Street Seaport presenta otros indudables atractivos para el turismo: desde el Titanic Memorial, faro levantado en 1913 en Fulton Street en memoria de los náufragos del famoso transatlántico, a las tiendas-taller de artesanía naval, donde los carpinteros de ribera reparan botes y construyen maquetas de navíos o mascarones de proa ante el público, pasando por los barcos de recreo que hacen paseos por el East River o simplemente exhiben su aspecto clásico (veleros, transbordadores, vapores de ruedas) entre los muelles 15 y 16, justo antes del gran centro comercial situado en el 17.

Pero la atracción más destacada es el famoso puente que une Brooklyn con Manhattan. Diseñado por Johann August Robling, su muerte prematura obligó a su hijo a dirigir la construcción y a la mujer de éste a concluirla trece años después cuando él quedó inválido. Se inauguró en 1883 como el mayor puente colgante del mundo (1.825 metros de longitud) y sus pilares neogóticos de piedra y cemento sirven de anclaje para los cables de acero que sostienen seis carriles para vehículos y otro para peatones; están pensados para soportar cuatro veces más peso.

Cuando cojas uno de esos vuelos baratos a Nueva York asegúrate de hacerte una foto con el puente de fondo; es una de las imágenes más típicas y reconocibles. Woody Allen la inmortalizó en su película Manhattan.

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