El Arco del Triunfo de Bucarest

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Si hablamos de una gran avenida arbolada rematada opor una plaza en la que se alza un majestuoso arco de triunfo de planta cuadrangular, supondrás que hablamos de París. Y acertarías. O no porque, aunque en la capital francesa existe tal monumento, Bucarest también tiene uno que responde a esas características. Busca alguno de los vuelos low cost que te llevan hasta allí y cuando estés frente a él te preguntarás si no cogiste el avión equivocado.

En efecto, te hallas al final de la Avenida Kisselef, que es aún más grande que los Campos Elíseos, junto al parque Herastrau. En esa plaza se levantó un arco de madera en 1878, para celebrar la independencia de Rumanía, bajo el que habían de desfilar las tropas victoriosas. En 1921 el rey Fernando I decidió festejar su coronación como rey del país unificado (era monarca desde 1914 pero ahora se incluían las regiones de Besarabia y Transilvania) encargándole al arquitecto Petre Antonescu la construcción de un gran Arco de Triunfo que, a la manera del francés, dejara constancia de la heroicidad de su ejército durante la recién terminada Primera Guerra Mundial. Así que Antonescu se inspiró en el modelo galo que había mandado hacer Napoleón para honrar los triunfos de su todopoderosa Grande Armee.

El monumento se inauguró en 1922. No resultó tan espectacular como su hermano mayor (que es el doble de grande) pero se acomodaba perfectamente al estilo que ya se había generalizado en una ciudad que empezaba a conocerse como el Pequeño París, gracias a los palacetes y bulevares que diseñaban los numerosos arquitectos franceses contratados.

Lamentablemente, la escasez de materiales obligó a conservar parte de la estructura anterior de madera y a decorar el exterior con endebles estucos, lo que originó un rápido deterioro. Tan grave fue que llegó a plantearse la demolición antes de que se terminara cayendo por sí solo. Pero en lugar de eso Antonescu recibió el encargo de restaurarlo. En 1935 se puso manos a la obra y esta vez utilizó granito y mármol, de manera que al año siguiente, 18º aniversario de la Unificación, el rey Carol II reinauguró el Arco.

Desde entonces todavía tuvo que sufrir alguna modificación. Por ejemplo, el régimen comunista mandó arrancar los medallones de bronce con las efigies de los soberanos Fernando y María, dejando unos huecos que se restituyeron en 1991, sólo que en piedra en vez de metal. Por lo demás, si tomas alguno de los mencionados vuelos baratos a Bucarest lo verás con el mismo aspecto que tenía, con sus 27 metros de altura, los bajorrelieves cincelados por artistas nacionales (Paciurea, Barascha, Jalea…) y el friso superior con los nombres de los soldados y combates gloriosos de la Gran Guerra europea.