Archivos mensuales: octubre 2009

Museo Histórico de Amsterdam

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No es es el más famoso ni el más importante de Amsterdam pero el Museo de Historia resulta original y atractivo para el visitante. Empezando por el propio edificio que tiene un movido pasado: en 1414, año en que se construyó, era un monasterio dedicado a Santa Lucía pero un siglo y medio después (1578), en el contexto de las guerras entre la Reforma Protestante y el Catolicismo, fue expropiado por los calvinistas, que lo dedicaron a orfanato. Como tal continuó hasta 1960, cuando se cerró y tras una década de restauraciones, se convirtió en sede del Historisch Museum aprovechando el aniversario de la fundación de la ciudad.

Si tú también aprovechas los vuelos baratos a Amsterdam te recomendamos un paseo por estos muros de ladrillo rojo que forman la fachada neoclásica principal, en la calle Nieuwejizds Voorburgal 357. En esta entrada pasarás por la Galería de la Guardia Cívica, un pasillo porticado con armaduras y armas de los gremios de fusileros municipales de 1552. Pero, sobre todo, podrás contemplar el Rincón de los Milagros, con varias reproducciones del famoso Milagro de Amsterdam de 1345 que convirtió a la urbe en un pequeño centro de peregrinación: según cuenta la leyenda, un moribundo recibió la comunión en su lecho pero vomitó la Sagrada Forma sobre el fuego de la chimenea; para sorpresa de los presentes, la hostia no se consumió y desde entonces fue custodiada como reliquia. En 1544 un ladrón se la llevó y, tras quedarse con su envoltorio, la arrojó a los canales, perdiéndose para siempre; los holandeses dicen con sorna que resistió el fuego pero no el agua). En cualquier caso el milagro del fuego permitió al municipio obtener así su escudo -hasta entonces no tenía-, concedido por el emperador Maximiliano.

En realidad a este museo se puede acceder por varias puertas. Otra de las habituales da a la calle Kalverstraat y en su pórtico, sobre el dintel, destaca el Relieve de los Huérfanos: servía para informar a la población del uso del lugar y para solicitar dinero con el que sufragar los gastos. Una tercera entrada está en St. Luciensteeg y es curiosa porque a su izquierda pueden verse los veintidós escudos de la ciudad, que pasó de no tener ninguno a casi coleccionarlos.

Una vez dentro hay que atravesar los patios adoquinados donde los huérfanos -niños y niñas- jugaban. En el lugar donde estaba el granero del cenobio se ubica ahora la cafetería-restaurante In De Oude Goliat, nombre que recibe de las estatuas de madera de estos personajes bíblicos que hay dentro: la David no es muy grande pero la de Goliat mide cinco metros y medio; demasiado incluso para un gigante ¿no?

En fin, el Historisch Museum posee diecisiete salas que biografían la capital holandesa desde la Prehistoria hasta nuestros días: el desarrollo del puerto, la Cámara de los Regentes (los administradores del orfanato), el añejo carillón, una muestra de la pintura flamenca, objetos traídos por los marinos desde las Indias Holandesas, etc. Abre tu buscador de vuelos y programa una visita a los Países Bajos, uno de los destinos más interesantes de Europa.

El Foro Romano

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Hay capitales en Europa que pueden visitarse en uno o dos días pero conocer Roma requiere bastantes más. Sólo la parte antigua ya es inmensa y sigue excavándose arqueológicamente con regularidad. Por suerte dispones de muchas ofertas de vuelos que pueden facilitarte las cosas.

La Roma republicana y la imperial, la que pisaron Sila, Julio César, Octavio Augusto, Séneca y otros famosos personajes de la Historia, no se parecía mucho a la actual. Entonces la vida, entendiendo como tal la pública, tanto en lo político como en lo económico, giraba en torno al Foro, el centro de la ciudad o Umbilicus Urbis, estructurado entre dos calles paralelas, la Vía Nova y la Vía Sacra -ésta perfectamente conservada hasta el punto de que cuando fue descubierta en el siglo XVIII se pensaba que era medieval-. Ambas se desarrollan entre dos arcos triunfales, el de Tito y el de Septimio Severo comunicando el Palatino con el Capitolio. De hecho, hacia este punto desfilaban por la Sacra los desfiles triunfales y las paradas religiosas: era el extremo occidental, donde se alzaban los templos de Vespasiano, Saturno y la Concordia; de todos ellos apenas quedan unas columnas en pie. También allí se localizaba la Rostra, una plataforma desde la que se hacían los discursos, la columna de Focas (muy tardía, del 608 d. C.), la basílica Julia, erigida por César para procesos judiciales de importancia y la Curia Julia, antigua cámara del Senado (hoy sustituida por un edificio moderno). También hay una iglesia cristiana reconstruida en 1640 por Pietro de Corona a partir del original medieval: Santa Luca y Santa Martina.

Si sigues avanzando en dirección este encontrarás los restos de la basílica Emilia, destruida en el siglo V d. C. y, al otro lado de la calzada, los templos de Cástor y Pólux, y de Julio César, construido en su memoria por Octavio en el lugar donde fue incinerado tras su asesinato. Aquí una calle transversal, en realidad la entrada oficial, marca el paso a la zona oriental del Foro. Lo primero que encontraban los ciudadanos romanos eran los templos de Antonio y Faustina, hoy parte de una iglesia, y la Regia, oficina del Pontifex Maximus o sumo sacerdote. Luego, el templo de Rómulo, actualmente incorporado a la iglesia de los Santos Cosme y Damián, al igual que ocurre con el templo de Venus y Roma, que fundó Adriano y ahora está integrado en la iglesia de Santa Francesca Romana. Más abajo, el reconstruido templo de Vesta, donde ardía un fuego sagrado custodiado por las vestales, sacerdotisas de la diosa que vivían en la casa vecina.

Así llegas al Arco de Tito. Si giras hacia el norte te toparás con la majestuosa mole de la basílica de Majencio-Constantino, que aún conserva buena parte de su estructura en arcos y techos. Anexos al Foro hay otros foros más pequeños construidos por César, Augusto, Vespasiano, Nerva y Trajano. En éste último está la espectacular columna con los doscientos metros de friso.

Ten paciencia y lleva un plano porque intentar desentrañar este conjunto sobre el terreno es complicado y confuso. Pero es una de las grandes visitas que has de hacer cuando reserves uno de esos vuelos baratos a Roma de los que hablábamos.

El Palacio de San Telmo

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Puesto que el último día hablábamos del Parque de María Luisa en Sevilla y mencionábamos el Palacio de San Telmo, es justo que hoy nos detengamos en éste. Sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía desde 1991, su pasado combina luces y sombras, amor y dolor. Reserva algún vuelo barato a la capital andaluza y visítalo para respirar no sólo siglos de las Historia de España sino también para admirar su belleza arquitectónica.

El edificio es de 1682 y fue construido como Universidad de Mareantes, es decir, escuela naval de pilotos, marineros y oficiales, profesiones para las que la ciudad tenía demanda gracias a ser el puerto de salida hacia las colonias americanas; de hecho, a un par de manzanas está aún el Archivo de Indias. Luego se le dieron otros usos, como sede de la Sociedad del Ferrocarril, Universidad Literaria y seminario. Artísticamente, este palacio descuella por su fachada de estilo churrigueresco, esa variedad nacional del Barroco. Se terminó en 1734 bajo la dirección de la familia de arquitectos Figueroa y en su exhuberancia decorativa muestra una serie de figuras alegóricas (las Ciencias, las Artes) y el personaje de San Telmo con una maqueta de barco y cartas náuticas en sus manos, flanqueado por San Fernando y San Hermenegildo, todo ello estructurado en tres cuerpor verticales y enmarcado entre columnas jónicas. En la otra fachada, la norte, se puede pasar revista a los Doce Sevillanos Ilustres, entre ellos Velázquez, Murillo, Martínez Montañés, Luis Daoíz y Fray Bartolomé de las Casas; las estatuas que los representan son de 1895, obra del escultor Antonio Susillo.

San Telmo fue adquirido en 1849 por los duques de Montpensier, él hijo del monarca francés Luis Felipe de Orleans, ella hermana de la reina española Isabel II. El duque financió numerosas conspiraciones contra su cuñada y, aunque la Revolución del 68 la derrocó, Montpensier fue desterrado sin posibilidad de acceder al trono, como aspiraba. Sería su hija, María de las Mercedes, la que reinaría al casarse con su primo Alfonso XII. Lamentablemente, las conducciones subterráneas de agua de San Telmo estaban en mal estado y el tifus la mató en pocos meses. Era el año 1878; dos décadas después la duquesa María Luisa Fernanda, su madre, donó el palacio y la finca a la ciudad, originando lo que hoy es el Parque de María Luisa.

El Palacio de San Telmo está en la avenida de Roma, en pleno centro urbano, asomado al Guadalquivir y rodeado de otros lugares de interés. Uno de ellos es el Hotel Alfonso XIII, un establecimiento de lujo de estilo neomudéjar construido entre 1916 y 1928 con vistas a hospedar a los visitantes más ilustres de la Exposición Iberoamericana que habría de celebrarse al año siguiente. Otros, la Real Fábrica de Tabacos, de la que hablaremos con detalle en otra ocasión, y la Torre del Oro, a la que ya dedicamos un post.

Cuando reserves alguno de los vuelos baratos a Sevilla y pasees por la ciudad es casi seguro que pasarás ante este importante edificio. Te sugerimos que trates de imaginártelo en otra época, con los tílburis y faetones deteniéndose ante su puerta, por ejemplo, y Alfonso XII entrando para ver a su amada.

El Parque de María Luisa, en Sevilla

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Uno de los parques públicos más bonitos de España es el de María Luisa, en Sevilla. Si aprovechas la amplia oferta de vuelos económicos a la capital andaluza y te acercas a sus frondosas arboledas, encontrarás más de 400.000 metros cuadrados en los que se ubican, además, algunas importantes instalaciones culturales de la ciudad.

Pero empecemos por el principio. Y éste se remonta a 1893, cuando la infanta María Luisa Fernanda de Orleans, hermana de la reina Isabel II, decidió donar a la ciudad su ingente finca de San Telmo. Pertenecía a su familia desde que fue adquirida en 1849 por su marido, el duque de Montpensier, para residencia privada. El duque, uno de los personajes históricos más controvertidos de la Historia de España, era hijo de Luis Felipe de Orleans, rey de Francia. Conspirador sin tapujos contra su cuñada, a la caída de ésta presentó su candidatura a un trono que finalmente quedó en las efímeras manos de Amadeo de Saboya; Montpensier era demasiado impopular aunque, paradójicamente, acabaría accediendo a la corona de forma indirecta: casando a su hija María de las Mercedes con Alfonso XII, hijo de Isabel. Como recuerdan aquellos inmortales versos ¿Dónde vas, Alfonso XII?, la nueva soberana murió pronto: la mató el tifus por beber agua en mal estado del palacio de San Telmo; quizá por el mal recuerdo y el también fallecimiento de su marido en 1890, María Luisa Fernanda decidió desprenderse del palacio y la finca. Por cierto, el primero es hoy la sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Al ingeniero francés Jean Forestier, diseñador del Bois de Boulogne de París, se le encomendó reconvertir la hacienda en un jardín que sirviera de marco para la Exposición Iberoamericana de 1929. Combinando árboles, setos, estanques y fuentes en una original mezcla de estilos europeo e islámico consiguió dar unidad a aquella vasta extensión, ampliada además con otros terrenos como el Huerto de Mariana, el Prado de San Sebastián y los Jardines de las Delicias.

La Fuente de los Leones, la Isleta de los Patos, la Plaza de América y la glorieta de Gustavo Adolfo Bécquer, adornadas con estatuas, son algunos de los rincones más recoletos del lugar. También en su suelo se pueden visitar el Museo Arqueológico y el de Artes y Costumbres Populares, así como un Pabellón Real, el Hotel Alfonso XII y la Real Fábrica de Tabacos, reaprovechada como Universidad. Pero si algo brilla con luz propia en el Parque de María Luisa es la Plaza de España, una impresionante construcción de forma semicircular con un gran estanque de esa forma y un corredor con columnata hecho de ladrillo visto y decorado con mármoles y azulejos que recrean escenas de todas las provincias españolas. Fue diseñada como eje de la Exposición por Aníbal González, el mismo autor de la plaza de América, y ha servido de decorado a varias películas como Lawrence de Arabia o La amenaza fantasma.

Si finalmente coges uno de esos vuelos baratos a Sevilla no dejes de pasear por el parque de María Luisa y admirar su belleza o visitar los museos. Si además es verano agradecerás la sombra de sus árboles para refrescarte.

La National Gallery de Londres

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Si decides aprovechar los vuelos baratos a Londres que ofertan las aerolíneas low cost, una de las visitas casi inevitable es la National Gallery. Se trata de una de las pinacotecas más importantes del mundo y además está situada en un marco de lujo, en pleno Trafalgar Square, sirviendo de telón de fondo a la columna de Nelson.

La National fue fundada en 1824 a iniciativa del rey Jorge IV, cuando a instancias suyas el Gobierno británico compró 38 cuadros de maestros de la pintura que formaban la colección de un notable llamado John Julius Argenstein. Por entonces París y Madrid también estaban enbarcados en la formación de sus grandes museos pictóricos nacionales, el Louvre y El Prado, y Londres no iba a ser menos. Lo que empezó como una pequeña colección creció con el paso de los años gracias a las aportaciones de varios benefactores hasta las 4.500 obras que posee actualmente, de las que sólo hay expuestas la mitad por falta de espacio. Y es que el arquitecto William Wilkins diseñó la que había de ser sede apenas diez años después, cuando nadie imaginaba que habría de acoger tal cantidad de lienzos. El edificio es de estilo neoclásico y está estructurado en tres pabellones, a los que se sumó otro anexo en 1991, el Sansbury (esta familia lo sufragó en plan mecenas). El trio antiguo, cuyos nombres son Norte, Oeste y Este, expone las obras correspondientes a los siglos XVI, XVII y del XVIII al XX respectivamente, mientras que el Sansbury está reservado para la pintura renacentista. Las obras más recientes del Patrimonio Británico, de 1920 en adelante, se exponen en otro lugar, la Tate Gallery.

Este museo puede presumir de algunas piezas maestras del Arte. La más destacada es, probablemente, la Venus del Espejo de Velázquez, que llegó a Inglaterra tras una rocambolesca historia: formaba parte del tesoro que José Bonaparte se llevaba a Francia en su retirada de España cuando fue alcanzado y derrotado en Vitoria por Wellington. El hermano de Napoleón tuvo que huir precipitadamente a caballo abandonando el producto de su rapiña y Fernando VII decidió premiar al duque regalándole buena parte de aquellas riquezas artísticas. El inglés no se negó, claro, y el cuadro terminó en su museo privado, del que pasó luego a la National.

Pero Velázquez no es el único genio presente. Van Eyck aporta su archiconocida tabla El matrimonio Arnolfini, en el que los dos esposos se reflejan, al fondo, en un pequeño espejo; de Piero della Francesca está el Bautismo de Cristo que pintó para una iglesia de su Umbría natal; Leonardo da Vinci tiene un dibujo sobre cartón de la Virgen con el niño; Hans Holbein, Los embajadores, con la famosa y alegórica calavera estirada; Turner, Lluvia, vapor y velocidad, antecedente romántico del impresionismo; Rembrandt, un autorretrato; Gainsborough y Constable, sus paisajes; una buena muestra de impresionistas franceses… Imposible mencionarlos a todos.

La National Gallery abre todos los días de 10:00 a 18:00 y puede recorrerse en una mañana con la ventaja añadida de que, al ser una colección pública, no hay que pagar entrada. Así que aprovecha para visitarla si finalmente eliges ese vuelo.

El Castillo de Santa Bárbara

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En lo alto del monte Benacantil, a 166 metros de altura, un gigantesco moro vigila la bahía de Alicante desde el cabo de Santa Pola hasta el de las Huertas. Pero no podrás verlo desde el aire cuando tu vuelo se acerque al aeropuerto porque hablamos en broma, claro. En realidad se trata sólo de un macizo rocoso cuyo perfil, visto desde la ciudad -la playa del Postiguet es el mejor lugar- toma la caprichosa forma de un árabe con su turbante, de ahí que reciba el nombre de la Cara del Moro. Sólo es un atarctivo más del conjunto en que se enmarca y que tiene como punto de interés principal el Castillo de Santa Bárbara.

Esta fortaleza se asienta sobre el terreno que antes ocuparon iberos, cartagineses y romanos, y que los musulmanes supieron reaprovechar en el siglo IX como enclave estratégico para edificar una alcazaba. El avance cristiano supuso su conquista en el año 1248 por parte de un Infante de Castilla que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes reyes de la Historia peninsular, Alfonso X el Sabio. Poco duró la posesión castellana porque en menos de cuatro décadas pasó a manos aragonesas cuando Jaime II lo incorporó a su Corona. Un siglo más tarde Pedro el Ceremonioso inició la que sería una larga lista de reformas, las más antiguas de las cuales corresponden a la parte alta; allí se localizaban la torre del homenaje, de la que queda como muestra la Torreta, el Baluarte de los Ingleses, la Casa del Gobernador, la Sala Noble y una explanada denominada Macho del Castillo donde estuvo la alcazaba árabe. Carlos V y su hijo Felipe II también pusieron su granito de arena. Fue el segundo quien dotó al complejo del aspecto que, más o menos, tiene actualmente, mérito de los arquitectos Bautista antonelli y Giacomo Palearo; el grueso de su aportación se puede ver en la zona intermedia del castillo: el Patio de Armas, el Baluarte de la Reina, una ermita…

Desde entonces, pese a que aún se construyó el Revellín del Bon Repos (actualmente usado como aparcamiento en la parte baja), los cambios fueron más de destrucción que de construcción, fruto de los avatares bélicos experimentados por la ciudad. Por ejemplo, los bombardeos de que fue objeto el castillo durante la Guerra de Sucesión de comienzos del siglo XVIII, período en el que los ingleses, aliados del candidato austríaco Carlos de Habsburgo, ocuparon el castillo y sufrieron el cañoneo francés, que defendía a Felipe de Borbón, a la postre vencedor. Pero en 1873 los proyectiles que cayeron sobre los muros de Santa Bárbara no eran extranjeros: procedían de la fragata acorazada Numancia, famosa en su día por ser el primer buque blindado que dio la vuelta al mundo y ahora en manos de los rebeldes cantonalistas de Cartagena, que atacaban Alicante y la costa levantina para intentar imponer su idea de una España federal.

Quizá para evitarle nuevos peligros a la población, se resolvió desarmar al Castillo y así se desmontaron los 87 cañones que lo defendían, aunque hoy se conservan alguno antiguos, dieciochescos. El sitio pasó a ser prisión y cumplió su cometido con creces durante la Guerra Civil, primero para presos nacionales y luego para republicanos; aún pueden verse los graffitis que dejaron algunos de ellos en paredes y puertas. Fue el último uso real que se le dio. El abandono total duró hasta 1963, en que se decidió recuperarlo de cara a lo que se estaba convirtiendo en la principal fuente de divisas del país, el turismo, si bien algunos cineastas lo emplearon como decorado de películas de terror. Muchas de sus dependencias fueron restauradas y se le dotó de dos ascensores subterráneos que remontan la empinada ladera desde la calle Jovellanos. Puedes comprobarlo aprovechando los vuelos baratos a Alicante.

Maspalomas, dunas y marcha

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Parece mentira que en un lugar aparentemente tan pequeño como el sur de la isla de Gran Canaria puedan darse contrastes tan grandes. Ello se explica porque no hablamos de geografía sino de diversión, que aquí la hay para todos los gustos. Lo mejor es que lo veas por tí mismo aprovechando los vuelos de bajo coste, pero vamos a darte una pequeña orientación.

La localidad de Maspalomas está situada a unos cincuenta kilómetros de la capital Las Palmas; media hora en coche, ya que hay autopista. Se trata de un lugar por y para el turismo de masas. Si buscas sol, brilla casi todo el año; si quieres playa, tienes varias con diferentes tipos de arena; si prefieres piscina cada hotel dispone de una o más; si te va la marcha nocturna los locales se cuentan por decenas o, incluso, centenas; y si eres amante de la naturaleza y la tranquilidad podrás dividir tu tiempo entre plácidas jornadas de golf o admirar un Parque Natural.

En Maspalomas hay tres zonas, aunque a ojo no se distingan porque todos sus distritos forman una urbanización continua. La primera, la más cercana al aeropuerto y a Las Palmas, es San Agustín. Aquí puedes solazarte en calas y acantilados de arena volcánica, lejos del ajetreo (aunque si un día te apetece romper el guión tienes un casino). A continuación, la locura. Playa del Inglés es una urbanización de grandes hoteles que forman una verdadera población artificial. Su concepto de ocio va a juego con su nombre: por el día, a tostarse al sol de forma casi suicida combinando con motos acuáticas; por la tarde, un paseo en camello o visita a Palmitos Park (zoo con aves exóticas); y de noche cientos de restaurantes, discotecas y pubs inundan el entorno con sus rótulos de neón, el ritmo de la música que escapa por las puertas y los ticketeers que reparten invitaciones en mano. Un aviso: es difícil encontrar alguien que hable español.

En pocos minutos, si sigues bajando hacia el sur, llegas a la Reserva Natural de las Dunas de Maspalomas. Es un gran dunedal protegido en el que también se puede tomar el sol -una zona es nudista- y pasear por las grandes dunas de arena amarilla lejos del ajetreo y la masificación anterior. El arenal está presidido en un extremo por un antiguo faro solitario (declarado Bien de interés cultural en 2005) a cuya vera han ido estableciéndose hoteles de lujo. Detrás de la playa, en cambio, la arquitectura dominante es de bungalows en torno al mencionado campo de golf.

Aprovecha los vuelos baratos a Gran Canaria. Como ves, busques lo que busques siempre hay posibilidades.

El Arco del Triunfo de Bucarest

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Si hablamos de una gran avenida arbolada rematada opor una plaza en la que se alza un majestuoso arco de triunfo de planta cuadrangular, supondrás que hablamos de París. Y acertarías. O no porque, aunque en la capital francesa existe tal monumento, Bucarest también tiene uno que responde a esas características. Busca alguno de los vuelos low cost que te llevan hasta allí y cuando estés frente a él te preguntarás si no cogiste el avión equivocado.

En efecto, te hallas al final de la Avenida Kisselef, que es aún más grande que los Campos Elíseos, junto al parque Herastrau. En esa plaza se levantó un arco de madera en 1878, para celebrar la independencia de Rumanía, bajo el que habían de desfilar las tropas victoriosas. En 1921 el rey Fernando I decidió festejar su coronación como rey del país unificado (era monarca desde 1914 pero ahora se incluían las regiones de Besarabia y Transilvania) encargándole al arquitecto Petre Antonescu la construcción de un gran Arco de Triunfo que, a la manera del francés, dejara constancia de la heroicidad de su ejército durante la recién terminada Primera Guerra Mundial. Así que Antonescu se inspiró en el modelo galo que había mandado hacer Napoleón para honrar los triunfos de su todopoderosa Grande Armee.

El monumento se inauguró en 1922. No resultó tan espectacular como su hermano mayor (que es el doble de grande) pero se acomodaba perfectamente al estilo que ya se había generalizado en una ciudad que empezaba a conocerse como el Pequeño París, gracias a los palacetes y bulevares que diseñaban los numerosos arquitectos franceses contratados.

Lamentablemente, la escasez de materiales obligó a conservar parte de la estructura anterior de madera y a decorar el exterior con endebles estucos, lo que originó un rápido deterioro. Tan grave fue que llegó a plantearse la demolición antes de que se terminara cayendo por sí solo. Pero en lugar de eso Antonescu recibió el encargo de restaurarlo. En 1935 se puso manos a la obra y esta vez utilizó granito y mármol, de manera que al año siguiente, 18º aniversario de la Unificación, el rey Carol II reinauguró el Arco.

Desde entonces todavía tuvo que sufrir alguna modificación. Por ejemplo, el régimen comunista mandó arrancar los medallones de bronce con las efigies de los soberanos Fernando y María, dejando unos huecos que se restituyeron en 1991, sólo que en piedra en vez de metal. Por lo demás, si tomas alguno de los mencionados vuelos baratos a Bucarest lo verás con el mismo aspecto que tenía, con sus 27 metros de altura, los bajorrelieves cincelados por artistas nacionales (Paciurea, Barascha, Jalea…) y el friso superior con los nombres de los soldados y combates gloriosos de la Gran Guerra europea.

La Catedral de Valencia

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Una de las visitas que debes hacer durante si tomas alguno de los vuelos baratos a Valencia es a la Catedral. No es la más bonita de España, ni siquiera el centro de atención artístico de una ciudad llena de ellos, algunos muy recientes, pero merece la pena por su peculariedad arquitectónica y el Santo Grial que guarda en su interior.

Empecemos por el principio. Este templo se levanta sobre una mezquita que, a su vez, ocupaba el espacio de una catedral visigoda. Hoy apenas quedan restos de ambas. En el siglo XIII, Jaime I el Conquistador decidió construir una seu en honor de Santa María. Los planos le fueron encargados al arquitecto Arnau Vidal y la financiación corrió a cargo de la burguesía de Valencia. Así, a la vez que se iba demoliendo el musulmán, fue creciendo un clásico edificio de tres naves, cimborrio sobre el crucero, girola y ábside. La leyenda dice que el rey derribó los últimos muros de la mezquita con sus propias manos, usando un mazo.

Aunque las estructuras de entonces son medievales, lo cierto es que la catedral tardó muchos siglos en terminarse (una típica frase valenciana es “eso es más largo que las obras de la seu”), razón por la cual se ha convertido en un lugar ecléctico en cuanto a estilos. El crucero, por ejemplo, tiene una portada románica, L’Almoina, y otra gótica, la Puerta de los Apóstoles. En ésta última es donde se reúne tradicionalmente el Tribunal de las Aguas para juzgar los litigios de los agricultores en el tema del riego de sus campos. También son de este estilo el cimborrio octogonal, la girola, y la Sala Capitular, que hoy se llama Capilla del Santo Cáliz porque en ella se custodia una copa de ágata del siglo I que algunos quieren identificar con el
Santo Grial.

Esta sala, junto con el Miguelete o campanario Nuevo, que se utilizó como faro en alguna época, estaban exentos del edificio y no se unieron a él hasta 1459, ya en pleno Renacimiento, cuando se ampliaron las naves mediante la llamada Arcada Nova. Renacentistas son también los frescos que decoran el techo del altar mayor y su retablo (qye en realidad es un enorme armario) y los relieves de alabastro de la Capilla de la Resurrección, más conocida como la Coveta.

Luego vinieron los añadidos barrocos, fácilmente identificables en el altar mayor (superpuestos al gótico) y, sobre todo, en la Puerta de los Hierros, fachada principal de la catedral, de forma ondulante para dar mayor sensación de amplitud porque en 1703, cuando la inició el alemán Konrad Rudolf, daba a una calle muy estrecha. Debe su nombre a la verja que la cerraba. El último estilo de esta extraña amalgama es el neoclásico, que a partir de 1774 se aplicó para sustituir a los elementos medievales, entonces considerados de mal gusto: así se eliminaron los pináculos exteriores y se cubrieron nervios y ojivas con estucos y dorados en la girola, por ejemplo. Además se erigió la Obra Nova, una galería de tres pisos con un estilo clásico por cada uno, que tapó la visión del cimborrio hasta 1972, cuando se acometieron labores de restauración para permitir aflorar otra vez el gótico, de manera que actualmente el neoclásico sólo puede apreciarse en las capillas laterales. Fruto de esa restauración fue la eliminación de las Casas de los Canónigos, que estaban adosadas a la catedral, para que el edificio recuperara su aspecto primigenio. Aunque por dentro nunca lo hará: un incendio durante 1931 arrasó la mayor parte del mobiliario y los órganos.