La Casa Rosada de Buenos Aires


shutterstock 22049134 La Casa Rosada de Buenos Aires

En Buenos Aires se juntan muchos de los principales monumentos de un país que figura entre los principales destinos turísticos de América del Sur, de ahí la relativa facilidad para encontrar vuelos económicos a la capital argentina.

Es lógico que uno de esos monumentos sea la Casa Rosada, sede del ejecutivo de la nación desde antes de su independencia; en realidad, desde que el gobernador español Fernando Ortiz de Zárate mandara construir una fortaleza en 1594 en honor de don Juan de Austria. El lugar sufrió un sinfín de remodelaciones con el paso de los siglos, algunas por los propios españoles (en 1713 lo refundaron para sede del Virreinato del Río de La Plata como castillo de San Miguel, originando de paso lo que hoy es la plaza de Mayo) y otras por los argentinos ya emancipados desde 1810. Así, en 1850 se demolió el castillo y se reedificó con los añadidos para el palacio de Correos y la Aduana. De entonces es el característico color de la pintura que le da nombre y que, en un estado joven y necesitado de mitos, dio origen a la leyenda de que era un símbolo de la fusión de los colores de los dos partidos de entonces, el Unitario, blanco, y el Federal, rojo, idea del presidente Domingo Faustino Sarmiento. La realidad es más prosaica: es fruto del pigmento claro de la cal mezclado con sangre de res -usada por sus cualidades fijadoras- que da ese típico color salmón, muy habitual en el siglo XIX.

Sin embargo el aspecto actual viene de los últimos años de la centuria decimonónica, cuando el arquitecto Francisco Tamburini aplicó su arte. Después vendrían más arreglos, algunos por gusto, otros por necesidad (el bombardeo de 1955, por ejemplo).

El arco principal de la fachada, en la avenida Rivadavia y custodiado por una guardia de honor (los Granaderos a caballo creados por San Martín), es un ejemplo para su entorno; de hecho, se pretende que todas las fachadas de la plaza de Mayo vayan adoptando poco a poco el aspecto que habrían tenido hace cien años. Un Gran Vestíbulo art déco da paso al interior, donde hay que destacar el Salón de los bustos (esculturas de todos los presidentes), desde donde se sube al Salón Blanco, sede de las recepciones oficiales, por dos bellas escaleras de mármol que reciben los curiosos nombres de Italia y Francia porque algunos de sus elementos fueron donados por esos países. También en el piso superior está el alojamiento presidencial.

Dos puntos más de interés para el visitante son la Capilla de Cristo Rey y el Museo de la Casa Rosada, que aunque está temporalmente cerrado, presenta una colección de retratos y objetos de los presidentes que han pasado por la Casa; algunos son personales (ropa, maletas…), otros oficiales (carruajes, bastones presidenciales, etc).

Si la Historia y los museos no son para tí lo suficientemente interesantes como para ponerte a buscar vuelos baratos a Buenos Aires siempre se puede recurrir a la anécdota: en 1996 Madonna interpretó su célebre canción No llores por mí Argentina para la película Evita desde el auténtico balcón de la Casa Rosada.

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