
Si hablamos de la catedral de Barcelona casi todo el mundo se pone a pensar automáticamente en la Sagrada Familia de Gaudí. Pero es un error porque ese edificio modernista, religioso pero aún sin terminar, no es la sede del obispo, requisito para que una iglesia sea consagrada catedral.
La verdadera catedral barcelonesa es gótica, empezada a levantar en el año 1298 bajo el reinado de Jaime II a partir de la románica que entre 1046 y 1058 había mandado construir Ramón Berenguer I, de la que apenas queda la Capella de Santa Llúcia. El complejo se ubica donde antes estaba una mezquita, a su vez erigida sobre un templo paleocristiano del siglo IV dedicado a Santa Eulalia.
Como ocurrió con otras muchas de la geografía española, las dificultades de financiación provocaron que no se pudiera poner fin a las obras hasta cai concluido el siglo XIX, cuando en 1899 se acabó la fachada principal; la aguja de la torre central que la caracteriza incluso tuvo que esperar a 1913, y eso que los planos originales de dicha fachada fueron diseñados ya en 1408 por el francés Charles Galtés. Las dos torres gemelas sobre el crucero no lo son tanto, en realidad: aunque se hicieron en la misma época, entre 1386 y 1393, a una de ellas se le añadió un campanario siglo y medio después.
Las tres naves del interior, de estilo gótico catalán alcanzan 26 metros de altura y tiene en su centro la espectacular sillería del coro, del siglo XV, decorada con escudos de armas europeos. Las naves se prolongan mediante una girola tachonada, al igual que el resto del cuerpo de la iglesia, con capillas adosadas que alcanzan el número de 28. De ellas cabe destacar la del Santíssim Sagrament, por acoger el crucifijo con el Cristo de Lepanto (siglo XVI) o la de Sant Benet, donde brilla con luz propia el retablo de la Transfiguración que creó el artista Bernat Martorell en 1452.
Tres puntos más de interés: la impresionante cripta, bajo el altar mayor, donde está el catafalco de alabastro que guarda los restos de Santa Eulalia (la historia de su martirio puede verse en la cancela del coro, hecha de mármol blanco) -véase foto-; el claustro, en una de cuyas esquinas una fuente coronada con la estatua de San Jorge vierte sus aguas a un estanque en el que nadan, curioso, peces y tortugas; y, puestos a hablar de curiosidades, hay que citar la pila bautismal donde una placa recuerda que allí fueron bautizados los seis indios que trajó colón del Nuevo Mundo en 1493. La razón de esto hay que buscarla en que entonces los Reyes Católicos recibieron al Almirante en el vecino Palacio Real.
Visitar la catedral y el Barrio Gótico que la circunda, el más antiguo de la ciudad, es sólo una de las muchas razones que se pueden encontrar para elegir entre los numerosos vuelos baratos a Barcelona y contemplar una pléyade de maravillas arquitectónicas.