El Palacio Real de Madrid

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Pocas ciudades tienen la facilidad de acceso de la capital de España. Aunque aquí no nos fijamos en trenes ni autobuses, claro, sino en la cantidad de vuelos de bajo coste que uno puede elegir para ello. Y una vez en Madrid ¿qué se puede hacer?

Pues muchas cosas, claro, pero una de las obligadas es visitar el Palacio Real, no sólo porque es un museo de la Historia Contemporánea nacional sino porque sigue siendo ámbito de más y más Historia: véase la firma de la adhesión de España al Tratado de Comunidad Económica Europea, realizada sobre una mesa barroca del siglo XVIII sobre la que probablemente se firmaron antes otros documentos trascendentales, las cenas de gala que los reyes ofrecen a personalidades mundiales en sus visitas o la boda del Príncipe de Asturias.

Y lo cierto es que el Palacio de Oriente, como también es conocido, no existía antes de los Borbones. Fue Felipe V el que encargó al arquitecto italiano Filippo Juvara la construcción de una residencia real para sustituir al viejo alcázar de los Austrias, carbonizado por un incendio en 1734. Las obras duraron 26 años y pasaron de un arquitecto a otro: Sachetti, Sabatini… Y de una dinastía a otra, pues allí vivieron también, efímeramente, José Bonaparte y Amadeo de Saboya. Fue residencia real hasta que en 1931 Alfonso XIII tuvo que irse al exilio al proclamarse la Segunda República.

En este espectacular edificio, que poco o nada tiene que envidiar a Versalles, hay que destacar algunas estancias fundamentales. La entrada principal se hace a través de la gran Plaza de la Armería, enorme patio descubierto que recibe su nombre de la Real Armería, el pabellón anexo, y que sirve para las paradas militares. A continuación se llega al vestíbulo desde el que una espectacular escalera de mármol lleva al visitante a los pisos superiores. En 1840 sus macizas barandillas sirvieron de parapeto a una veintena escasa de alabarderos que rechazaron el famoso ataque del general Diego de León, quien pretendía llevarse a la reina niña Isabel II para reunirla con su madre exiliada.

Se llega entonces al imponente Salón del Trono, decorado con espejos, tapices de color grana y dorados. Los dos tronos presiden el lugar desde un pequeño atrio escalonado y reproducen butacas del emperador Carlos V. Desviándose hacia el ala izquierda del palacio, las que ocupó Carlos III, se pasa al Salón Gasparini, así llamado en memoria de su autor, que lo dotó de una decoración rococó con motivos chinos. A su lado está el precioso Salón de Porcelana, con paredes y techos recubiertos de este delicado material. Y luego, el comedor, reformado en 1879 por Alfonso XII y todavía en uso para actos oficiales.

El ala derecha es la zona ocupada por Carlos IV. Allí pueden visitarse la Sala de billares y el despacho de su hijo Fernando VII, por ejemplo. También el curioso Museo de Farmacia,con laboratorio de época y armarios cajoneros para libros de recetas y hierbas que se administraban a la familia real.

El Palacio Real no decepciona a sus visitantes, por eso suele ser muy visitados por turistas de todo el mundo. Toma ya alguno de los vuelos baratos a Madrid que mencionábamos y prepárate a asombrarte de su lujo y grandiosidad