Archivos mensuales: agosto 2009

La ciudad de Eivissa

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Ibiza se llama así por un dios pequeño, bromista y travieso que los fenicios introdujeron al establecerse en la isla. Se llamaba Bes y dejó algo más que el nombre: legó su espíritu, pues pocos lugares reúnen tantos sinónimos de diversión como este enclave balear que encabeza el mini archipiélago de las Pitiusas.

Eivissa, la capital, ubicada en el suroeste sobre una colina, quizá no sea una ciudad espectacular a la manera de Mallorca, por ejemplo, pero tiene sus atractivos siempre y cuando el visitante asuma que no está visitando una ciudad al estilo europeo continental. De hecho, la gracia de su urbanismo consiste en el caos de callejas estrechas y casas apretadas entre sí por la recia muralla renacentista levantada para protegerse de los piratas y que, salpicada de baluartes, persuadió a Jaime el Conquistador de tomar el sitio por la fuerza. Entre esos muros está la Dalt Vila, la ciudad alta, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, como el cercano yacimiento fenicio de Sa Caleta.

Atravesando la puerta de Es Sot Fosc, que significa el agujero oscuro, tendrás que subir cuesta arriba hasta llegar a la plaza de la catedral, de la que hablaremos con detenimiento en otra ocasión. Cerca quedan el Museo Arqueológico (en realidad uno de ellos, pues se creó otro en Puig des Molins aprovechando una necrópolis púnica) y la plaza de armas, la antigua acrópolis luego reutilizada por los árabes para levantar su castillo almudaina (hoy hotel). Se llega mediante una peculiar escalinata diseñada por el artista Elías Torres.

El mar, inevitable dada la insularidad de Ibiza, marca dos barrios: Sa Penya, donde antes vivían los pescadores y ahora dominan la nocturnidad y el ambiente gay, y Sa Marina, la zona portuaria tachonada de tiendas de moda.

Cualquier fecha es buena para coger vuelos baratos a Ibiza y disfrutar de sus encantos. En verano, porque es el momento de la locura, en otras estaciones, para huir precisamente del ruido y disfrutar de la imagen más bucólica. Elige la tuya, pues la oferta de vuelos económicos es abundante en Internet.

Playas de Santa Cruz de Tenerife-La Laguna

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Para conocer playas paradisíacas, exóticas o salvajes no es necesario viajar al otro confín del mundo o naufragar como en las películas. Basta con echar un vistazo, por ejemplo, a los vuelos baratos a Tenerife que se ofertan en Internet y elegir uno a la medida.

Tenerife, por su naturaleza insular, tiene playas suficientes como para satisfacer al más exigente. Vamos a centrarnos en las de Santa Cruz y la región de La Laguna, en el extremo noreste de la isla.

La primera en citarse tiene que ser, obligadamente, la de Las Teresitas, situada a unos seis kilómetros de la capital y, probablemente, la más frecuentada. Sorprenderá a muchos que el lugar sea de arena dorada, contrastando con lo que es habitual en este enclave canario. Pero es que hay una pequeña trampa: Las Teresitas es medio artificial. En efecto, en 1974 la arena se trajo desde el vecino desierto del Sahara, se plantaron palmeras para dar sombra y decorar, y se construyó un rompeolas que protege a los bañistas de las fuertes corrientes atlánticas (ver foto). Y sin embargo la playa se mantiene a salvo de la clásica amenaza del ladrillo; de momento, el único muro que se levanta frente al mar es el que forman las montañas de la sierra vecina.

La playa de Las Gaviotas es una pequeña cala de arena negra a la que se accede por un desvío en la carretera de San Andrés a Iguesta. Ojo, que es nudista.

Una playa que se mantiene casi virgen es la de Antequera, gracias a que no se puede llegar por tierra dado su escarpado relieve; hay que hacerlo en barco.

Pasado el caserío de Taganana encontrarás una sucesión de tres pequeñas playitas, empezando por la de El Roque (así llamada a causa de una roca cercana), que tiene cierto peligro por las fuertes corrientes pero que lo compensa con varios restaurantes especializados en pescado local. Luego citaremos una parecida, la Almacija, y otra de difícil acceso, Benijos.

Por último te recomendamos El Arenal, especialmente si eres aficionado al surf, pues aquí se citan muchos practicantes de este deporte. La encontrarás entre Bajamar y Punta del Hidalgo, con su típica arena volcánica y sus cantos rodados.

Aprovecha la bondad del clima canario, cuyo verano se extiende bastante más allá de agosto. Numerosos vuelos low cost están esperando tu decisión.

La plaza de Oriente

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Ya que en el último post hablamos del Palacio Real es conveniente tratar también el espacio que le sirve de antesala. Es curioso que una de las plazas más importantes de Madrid, escenario de discursos y manifestaciones de adhesión, sea resultado de la abnegada voluntad de un monarca extranjero e impuesto, denostado y calumniado por sus súbditos. En 1805 José Bonaparte, hermano mayor de Napoleón, reinaba en España gracias a las bayonetas del todopoderoso Ejército francés y a la ineptitud de la monarquía española. Pepe Botella, como se le conocía popularmente para denigrarle, pese a ser abstemio, era en realidad un gobernante ilustrado que puso toda su voluntad en tratar de ser un buen rey. Las circunstancias bélicas lo impidieron pero fruto de sus esfuerzos quedó, entre otras cosas, la plaza de Oriente.

La mandó construir para despejar de casas decrépitas la zona oriental del palacio, como antes había ordenado hacer otras, enterrar los cadáveres en cementerios en lugar de en iglesias, poner alcantarillado en las calles, etc. A pesar de todo sólo consiguió otro mote: Rey Plazuelas. Paradójicamente, en las inmediaciones de ese lugar comenzaron los disturbios del Dos de Mayo que supusieron el inicio de la Guerra de la independencia.

Hoy la plaza de Oriente es un lugar de paseo a la sombra de los setos del jardincillo (que algunos “sin techo” usan de ídem) y las estatuas de los reyes godos que, originalmente, debían adornar el alero del palacio pero hubo que renunciar a ello por el exceso de peso. La figura ecuestre no corresponde a un godo sino a Felipe IV; el pintor Velázquez la utilizó a menudo para copiar bocetos.

Por último, la construcción de la plaza permitió erigir, al otro lado del palacio, el Teatro Real. Lo inauguró en 1850 la reina Isabel II, mjuy aficionada a la ópera que ella misma practicaba con buena voz, según testimonios de los testigos.

Hay muchos vuelos baratos a Madrid esperando tu reserva. Pocas ciudades satisfarán tu curiosidad turística como ésta.

El Palacio Real de Madrid

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Pocas ciudades tienen la facilidad de acceso de la capital de España. Aunque aquí no nos fijamos en trenes ni autobuses, claro, sino en la cantidad de vuelos de bajo coste que uno puede elegir para ello. Y una vez en Madrid ¿qué se puede hacer?

Pues muchas cosas, claro, pero una de las obligadas es visitar el Palacio Real, no sólo porque es un museo de la Historia Contemporánea nacional sino porque sigue siendo ámbito de más y más Historia: véase la firma de la adhesión de España al Tratado de Comunidad Económica Europea, realizada sobre una mesa barroca del siglo XVIII sobre la que probablemente se firmaron antes otros documentos trascendentales, las cenas de gala que los reyes ofrecen a personalidades mundiales en sus visitas o la boda del Príncipe de Asturias.

Y lo cierto es que el Palacio de Oriente, como también es conocido, no existía antes de los Borbones. Fue Felipe V el que encargó al arquitecto italiano Filippo Juvara la construcción de una residencia real para sustituir al viejo alcázar de los Austrias, carbonizado por un incendio en 1734. Las obras duraron 26 años y pasaron de un arquitecto a otro: Sachetti, Sabatini… Y de una dinastía a otra, pues allí vivieron también, efímeramente, José Bonaparte y Amadeo de Saboya. Fue residencia real hasta que en 1931 Alfonso XIII tuvo que irse al exilio al proclamarse la Segunda República.

En este espectacular edificio, que poco o nada tiene que envidiar a Versalles, hay que destacar algunas estancias fundamentales. La entrada principal se hace a través de la gran Plaza de la Armería, enorme patio descubierto que recibe su nombre de la Real Armería, el pabellón anexo, y que sirve para las paradas militares. A continuación se llega al vestíbulo desde el que una espectacular escalera de mármol lleva al visitante a los pisos superiores. En 1840 sus macizas barandillas sirvieron de parapeto a una veintena escasa de alabarderos que rechazaron el famoso ataque del general Diego de León, quien pretendía llevarse a la reina niña Isabel II para reunirla con su madre exiliada.

Se llega entonces al imponente Salón del Trono, decorado con espejos, tapices de color grana y dorados. Los dos tronos presiden el lugar desde un pequeño atrio escalonado y reproducen butacas del emperador Carlos V. Desviándose hacia el ala izquierda del palacio, las que ocupó Carlos III, se pasa al Salón Gasparini, así llamado en memoria de su autor, que lo dotó de una decoración rococó con motivos chinos. A su lado está el precioso Salón de Porcelana, con paredes y techos recubiertos de este delicado material. Y luego, el comedor, reformado en 1879 por Alfonso XII y todavía en uso para actos oficiales.

El ala derecha es la zona ocupada por Carlos IV. Allí pueden visitarse la Sala de billares y el despacho de su hijo Fernando VII, por ejemplo. También el curioso Museo de Farmacia,con laboratorio de época y armarios cajoneros para libros de recetas y hierbas que se administraban a la familia real.

El Palacio Real no decepciona a sus visitantes, por eso suele ser muy visitados por turistas de todo el mundo. Toma ya alguno de los vuelos baratos a Madrid que mencionábamos y prepárate a asombrarte de su lujo y grandiosidad

La Torre de Londres

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Si hablamos de la Torre de Londres probablemente nos vendrán a la mente tres posibles imágenes: el cadalso con la ejecución de Ana Bolena, las suntuosas joyas de la corona y los cuervos que habitan el lugar.

Vamos a ocuparnos empezar por dichas aves en atención a la leyenda, pues dice ésta que el día que se vayan se desplomará el edificio, la City y, con ellos, la monarquía. Habrá quien diga que sólo es un mito pero no hay que olvidar que hablamos de Inglaterra y allí se toman muy en serio las tradiciones. Así que, para evitarse problemas, les cortan las alas a los pobres pájaros y se garantizan su presencia (y de paso, la de la Reina). Eso sí, para que no haya mala sangre entre unos y otros, los ocho cuervos habituales son cuidadosamente atendidos por uno de los cuarenta y dos alabarderos -los célebres beefeaters de la ginebra-, denominado Ravenmaster. Y además se les rinden honores con un pequeño monumento que se levanta en el foso en memoria de las aves que han pasado por la Torre.

La siguiente imagen es la de Ana Bolena perdiendo la cabeza por orden de su incontinente marido Enrique VIII, el de las seis esposas. Al fin y al cabo la Torre era palacio real pero también prisión, por lo que allí perdieron la vida cientos de personas tras pasar por la Puerta de los Traidores. Entre ellas Ana pero también su contemporáneo Tomás Moro y una sucesora, Catalina Howard, además de los príncipes niños Eduardo y Ricardo (hechos plasmados en la terrible Ricardo III, de Shakespeare), el regicida frustrado Guy Fawkes, el corsario Walter Raleigh y, más recientemente, Rudolph Hess. Si alguien tiene curiosidad por conocer las condiciones de vida entre los gruesos muros del lugar no tiene más que visitarlo y contemplar el refinamiento sádico de los instrumentos de tortura y ejecución expuestos.

Muchos preferirán, sin embargo, quedarse con una imagen mucho más agradable, la que alberga la Jewel House: la exposición de las joyas de la Corona británica. Un lugar de alta seguridad cuyas vitrinas se contemplan desde una pasarela automática como las de los aeropuertos, de manera que nadie puede pararse ante cada cristal demasiado tiempo (ni pensar en fotos, por supuesto, pues un alabardero te requisa la cámara a la entrada). Nunca sería suficiente, de todas formas, para dejar de quedarse boquiabierto ante la visión de la Estrella de África, el diamante más grande del mundo, que remata el cetro real, o el Kohinoor, regalado por un maharajá a la reina Victoria en el siglo XIX, cuando la India era conocida, precisamente, como la Joya de la Corona.

Elige tu razón -¿por qué excluir alguna?- para coger alguno de los vuelos baratos a Londres y realizar una de las visitas obligadas y más fascinantes de esta ciudad.

Alicante, visión general

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Alicante fue, en su origen, un puerto comercial fundado por Roma en torno al año 200 A. C., si bien este emplazamiento se situaba tres kilómetros del actual. Habría que esperar la llegada de los musulmanes, quienes levantaron un castillo en una colina frente al mar a partir del cual fue creciendo la ciudad. Así pues, puede considerarse al castillo de Santa Bárbara como punto focal. Quizá por eso aún se vislumbra el perfil de una Cara de Moro en sus rocas; el mejor punto para verla es la pequeña playa del Postiguet, un lujo en pleno casco urbano. Quienes quieran una más grande pueden desplazarse en bus o tranvía hasta la de San Juan.

El derribo en el siglo XIX de las murallas que encorsetaban la necesaria expansión dio origen a espaciosos paseos (la Rambla, que separa el casco antiguo del nuevo, o la Explanada marítima, hecha con sus escombros, aunque no lo parezca por el mosaico que decora el suelo) que se sumaron a arterias más antiguas -aunque fundamentales- de la ciudad, como la calle Labradores, zona residencial para la nobleza que aún conserva alguno de los palacetes que se erigieron en ella.

También aparecieron plazas (la de Los Luceros o la de Gabriel Miró, por ejemplo), parques (el de Canalejas, embellecido con ficus centenarios, regala al peatón una bienvenida sombra en verano), teatros, fuentes, etc. En esa línea, pero mucho más reciente, hay que destacar la última gran aportación arquitectónica: el Paseo Volado sobre el mar, construido con motivo de la salida oficial en Alicante de la regata Volvo Ocean Race 2008.

Y no hay que olvidar el barrio de Santa Cruz, que tapiza la ladera de la colina hasta la base misma del castillo y por cuyas cuestas desfilan las procesiones de Semana Santa. Tampoco los monumentos. Empezando por el Ayuntamiento (dieciochesco, si bien su lujoso Salón Azul es decimonónico, construido con motivo de la visita de la reina Isabel II a la ciudad) y siguiendo por la Concatedral (de estilo herreriano), la gótica basílica de Santa María (en realidad una mezquita cristianizada).

¿Se puede añadir algo más para decidirse a elegir entre la variedad de vuelos baratos a Alicante en la Red y disfrutar de su encanto mediterráneo? Se puede: tres importantes museos como de Las Fogueres (la fiesta alicantina de San Juan), el de Belenes y el de Aguas. Y, ya metidos de lleno en aspecto cultural, citemos también a Lucentum, un yacimiento arqueólogico cercano, de tiempos ibero-romanos.

La Boca de la Verdad

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¿Es posible que una plaza tenga más fama por una tapa de alcantarilla que por una iglesia medieval? En Roma, al menos, sí. La piazza Boca della Veritá, en el Aventino, es visitada por legiones de turistas que si se acercan a la iglesia de Santa María in Cosmedin no es para admirar su baldaquino gótico o el espectacular pavimento de mosaico sino para introducir la mano en la carismática Boca de la Verdad.

Dice la tradición popular que sólo los que no mienten saldrán con su extremidad ilesa: los labios de piedra de este rostro esculpido en la pared del pórtico de la iglesia se cerrarán inmisericordemente sobre los dedos del mentiroso, de ahí que los matrimonios jueguen con sus cónyuges a probar su sinceridad. ¿Se deberán las lágrimas que resbalan del ojo izquierdo del relieve a los resultados de estas cuitas? Coge uno de los numerosos vuelos baratos a Roma y haz la prueba. Casi te aseguramos -sólo casi- que volverás con la mano entera.

Lo cierto es que este lugar a la ribera del Tíber -fue el primer puerto de la ciudad- destila tranquilidad. Santa María de Cosmedin fue fundada en el siglo VIII por una comunidad griega que se estableció en la zona huyendo de los iconoclastas de Bizancio. El templo es pues, bizantino, aunque tenga elementos góticos y un espectacular campanile de siete pisos. Muy cerca están la Fontana dei Tritonini, obra barroca, y los templos del Forum Boarium (Hércules y Portuno), los mejor conservados de la antigua Roma republicana. Otros restos de la Antigüedad son el Ponte Roto y los arcos degli Argentari y Jano. De fechas posteriores son la Casa dei Crescenzi (siglo XI) y las iglesias de San’t Omobono (siglo VI), San Teodoro (s. XV), San Giovanni Decollato (s. XVI)y Santa María della Consolazione (s. XVI).