
Si coges uno de los frecuentes vuelos baratos a Roma y visitas el barrio de Rione Monti , vía Eudossinia, podrás visitar uno de los lugares más curiosos de la ciudad: San Pietro in Vincoli. En esta antigua iglesia, muy cercana al Coliseo, se conservan unas insólitas reliquias que dan nombre al lugar: las cadenas con las que San Pedro habría estado atado en su cautiverio. En realidad se trataría de dos, las que tuvo en Jerusalén primero, y las que sufrió en la capital del Imperio después, justo antes de su crucifixión, pero la leyenda dice que un milagro las fundió formando una sola.
En el año 442 d. C. se levantó el templo para acoger los eslabones, ya venerados por peregrinos que acudían -y siguen llegando- para adorarlos, considerándolos auténticos. Se guardan bajo el altar mayor
Pero, vestigios aparte, San Pietro in Vincoli es objeto de admiración desde 1516 por la soberbia estatua de Moisés, una de las obras maestras del Renacimiento que esculpió en mármol el gran Miguel Ángel Buonarrotti para decorar la tumba del papa Julio II. Al final, el mausoleo no se concretó por los desacuerdos entre ambos y hubo que esperar a la muerte del pontífice para que el artista interrumpiera provisionalmente su trabajo en la Capilla Sixtina y terminara la escultura.
Dice la Historia que la perfección de sus rasgos, el vigor insuflado a una personalidad que rebasa su naturaleza pétrea, llevaron al orgulloso escultor a gritarle a su propia obra un nada modesto “¡Respira!”. Por cierto, si te preguntas a qué se deben los cuernos que hay en la cabeza de Moisés la respuesta es que se debe a un error de la época al traducir la Biblia; deberían ser rayos.
Una última anécdota sobre la figura: en la película Los diez mandamientos el actor Charlton Heston fue caracterizado para interpretar a este personaje tomando como modelo la estatua de Miguel Ángel; el parecido es asombroso.