La abadía de Westminster

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Templo, museo y mausoleo, todo en uno, la abadía de Westminster es uno de los lugares más impresionantes de que te encontrarás al bajar de cualquiera de tus vuelos baratos a Londres. Una obra única por su belleza artística y la Historia que destilan sus capillas. Allí fueron coronadas Isabel II y la reina Victoria, así como Guillermo el Conquistador y la mayor parte de los monarcas británicos; y en el suelo y paredes del crucero reposan los restos mortales de insignes figuras de la Literatura (Rudyard Kipling, Charles Dickens), Ciencia (Isaac Newton, Charles Darwin), Música (George Frederic Haendel, Henry Purcell), Arte (William Turner, Lawrence Olivier) y otros campos (David Livingstone, William Pitt). También albergó el funeral por la princesa Diana. Ahora que las compañías de bajo coste ofertan numerosos vuelos baratos a Londres con frecuencia diaria aprovecha la ocasión y no dejes pasar la oportunidad de verla. Te sorprende a cada paso.

El edificio actual es, en realidad, el resultado de un proceso de reformas sobre el original normando. Eduardo el Confesor fue quien levantó la abadía benedictina allá por la primera mitad del siglo XI. Eduardo, convertido en santo, terminaría enterrado en la capilla que lleva su nombre, junto al trono de coronación, que se sigue usando. En 1245 se acometió un cambio de aspecto siguiendo el modelo gótico de las catedrales francesas, entonces de moda. No es difícil reconocer un cierto parecido con las de Amiens o Reims: fuerte estilización, considerable altura de las naves (31 metros) que contrasta con su estrechez (10 metros), grandes vidrieras que permiten buena iluminación natural…

Pero la construcción de una iglesia de estas características y dimensiones lleva su tiempo. En el siglo XIII se le añadió la peculiar Sala Capitular, de planta octogonal y decorada con bellos mosaicos, cuyo arte es fácil de apreciar gracias al caudal de luz que se cuela por los vanos policromados. Entre 1503 y 1512 Enrique VIII bautizó la espectacular capilla que lleva su nombre, obra maestra del gótico tardío inglés: este estilo, caracterizado por su acentuada verticalidad y los dorados que decoran las nervaduras, sirve hoy de sepulcro de dos reinas antagonistas como Isabel I y María Estuardo. Como es sabido, fue también Enrique el que impulsó la reforma anglicana para conseguir el divorcio de su esposa española, Catalina de Aragón. El resultado fue que se abolieron las órdenes religiosas, con lo que en 1540 el monasterio quedó clausurado. De él subsisten los bellos claustros que servían de nexo de unión con el templo.

Los años siguieron pasando. Los puritanos fracasaron en su intento de prenderle fuego en 1640; paradójicamente, su líder Oliver Cromwell hallaría descanso eterno en su suelo, aunque luego, con la Restauración, Carlos II cambió el cuerpo de lugar. En 1734 el famoso arquitecto Nicholas Hawksmoor comenzó a erigir dos elegantes torres occidentales, en la fachada oeste, terminándolas once años después. Los trabajos se remataron definitivamente en el siglo XIX.