Museo del Campesino Rumano, en Bucarest

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La antigua sede del Partido Comunista Rumano en Bucarest ha sufrido un proceso de reciclaje, como ocurre en este país con casi todo lo que recuerda o recordaba al régimen de Ceaucescu. Así, este curioso edificio de un estilo similar al art-decó que algunos llaman neo-rumano, es ahora el Museo del Campesino Rumano, si bien sus sótanos conservan aún una pequeña muestra nostálgica de la etapa comunista con retratos y bustos de dirigentes soviéticos.

Pese a su juventud, pues fue creado en 1990, el Muzeul Taranalui Roman no sólo se ha convertido en uno de los más importantes del país sino que también recibe reconocimiento continental: en 1996 obtuvo el premio al Museo Europeo del Año. Y es que se trata de un centro vivo, muy activo, que organiza periódicamente cursos, seminarios y proyecciones en una exhaustiva muestra de un modo de vida, unas costumbres y una espiritualidad arraigadas en el corazón del país a lo largo de los siglos.

Sus 8.000 metros cuadrados no son suficientes para exhibir las cerca de 100.000 piezas de los fondos de colección, por lo que muchas duermen en los depósitos esperando su día. Aún así lleva su tiempo contemplar todo tipo de objetos relacionados con la vida rural rumana, desde los que formarían el ajuar de una casa campesina (alfombras, muebles, estufas) hasta los propios de las labores agrícolas (molinos, arados), pasando por los que caracterizaban las creencias (lápidas funerarias, crucifijos, ex-votos, iconos) o el ocio (instrumentos musicales, libros antiguos).

Se trata en suma de un espejo sobre esa Rumanía que aún no desapareció del todo pero con el paso de los tiempos va siendo engullida por el progreso; la Rumanía que en otros tiempos era un cruce de caminos, un crisol de razas y culturas, reflejado en la sección de trajes típicos: turcos, zíngaros, húngaros, ucranianos, alemanes…

Una buena forma de completar esta visita sería ver también el Museo de la Aldea, un lugar donde pueden contemplarse casas de campo de madera o iglesias reconstruidas en patios al aire libre, y el museo de Trajes Folklóricos, creado recientemente (en 2004) con una donación privada de 300 trajes. Así que ya sabes, aprovecha los cada vez más frecuentes vuelos a Bucarest y descubre un país desconocido pero en alza turística.