La Fontana de Trevi


trevi La Fontana de Trevi

Hay en Roma un monumento especialmente emblemático, querido y de visita tan inevitable que te lo encontrarás paseando aunque no quisieras verlo. Se trata de la Fontana de Trevi, fuente de mármol y piedra toba adosada a uno de los palacios que forman la plaza del mismo nombre, en la colina del Quirinal.

Esta carismática fuente fue construida en el año 1750 por el artista Niccolo Salvi. Era un encargo del Papa que, viendo decaer la influencia de su tiara en los albores de la Ilustración, quiso dejar una prueba de su poder de mecenazgo. Las esculturas principales representan a Neptuno, dios romano del mar, cabalgando sobre las olas en un carro tirado por tritones y atravesando un arco de triunfo. El conjunto completa los bajorrelieves que decoran la fachada del palacio, cuya temática ilustra la historia del antiguo acueducto del año 19 a. C. El agua que canalizaba este Acqua Virgo, tal era su nombre, y la que sigue manando hoy proceden de un manantial llamado Acqua Virgine.

La Fontana debe buena parte de su fama a una película, La dolce vita, de Federico Fellini, realizada en 1960. La escena en que la actriz Anita Ekberg se bañaba en el estanque con su vestido de noche negro ante los pasmados ojos de los paparazzi -y sobre todo de Marcello Mastroianni- le dio al monumento dimensión mítica.

Si coges un vuelo a Roma y paseas por las calles adyacentes, comprobarás que la Fontana es un punto de reunión de turistas de todas las razas y nacionalidades que abarrotan la pequeña plaza para cumplir el consabido ritual de arrojar una moneda a su estanque, con lo cual se aseguran -dice la tradición-volver a visitar la Ciudad Eterna.

Y eso que está prohibido.

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