La Catedral Metropolitana de Buenos Aires

Catedral Metropolitana Buenos Aires

En el barrio de San Nicolás, frente a la plaza de Mayo, la Catedral Metropolitana de la Santísima Trinidad de Buenos Aires es ruto de un larguísimo parto con dolores y fórceps. Pocas catedrales, si es que hay alguna otra, han sido reedificadas cinco veces partiendo de sus cimientos. Y es que desde la primera iglesia parroquial de 1580 hasta el templo actual, inaugurado oficialmente en 1791 (sin acabar del todo), los sucesivos obispos bonaerenses tuvieron que afrontar la reconstrucción de unos muros que casi siempre encontraban en estado ruinoso. Tanto es así que alguna vez incluso se derrumbaron, como en 1752.

El proyecto definitivo tardó 38 años en terminarse, aunque hubo que añadirle luego un frontis y las torres, ya en el siglo XIX. Aún así, el edificio está hoy catalogado como Monumento Histórico (1942), y con razón: no hay muchos que puedan presumir de un pasado tan intenso.

Arquitectónicamente tiene un frontal neoclásico -como se ha visto, fue lo último que se añadió- muy similar al de La Madeleine parisina. Las doce columnas representan a los Apóstoles y el frontón recrea escenas de Jacob y José, metáfora en realidad de la unificación nacional (por el Pacto de San José de Flores, en 1859, Buenos Aires, hasta entonces independiente, se incorporó a la Confederación Argentina).

En el interior, una vez traspasado el nártex, encontrarás un espacio de proporciones ciclópeas: 3.000 metros cuadrados estructurados en cinco naves abovedadas, la central con una altura cercana al centenar de metros. En su intersección con el crucero está la cúpula barroca, asentada sobre un gran tambor.

De la decoración cabe destacar la sillería del presbiterio y las tallas del Santo Cristo de Buenos Aires (del siglo XVII) y la Virgen de los Dolores. Pero, sobre todo, hay que fijarse en el churrigueresco altar mayor, y en el mausoleo de José de San Martín, obra del escultor francés Carrier-Belleuse, donde descansan los restos mortales del libertador de Chile y Perú, que era porteño. Si tomas un vuelo a Buenos Aires para conocer esta cosmopolita ciudad y visitas la catedral podrás asistir al espectáculo del cambio de guardia que efectúan cada día los granaderos encargados de escoltar el sepulcro.