El Coliseo


shutterstock 28471678 El Coliseo

Sin duda para gustos hay colores, pero si tuvieras que elegir un monumento para representar a Roma del numeroso elenco que presenta, con toda probabilidad escogerías el Coliseo ¿a que sí? Por su historia, por el carisma que destila, por su imponente aspecto aún hoy, porque si te sientas en su graderío y cierras los ojos te parece retroceder en el tiempo y oir el clamor de la multitud cuando los leones se lanzan ferozmente sobre los cristianos o te apetece mover el pulgar para salvar o condenar al mirmidón que yace a los pies del retiario, esperando una decisión que le libre del golpe fatal del tridente.

El Coliseo, nombre actual derivado del original Colosseo, nombre que no hace falta traducir y que se debe probablemente a la colosal estatua de Nerón que tenía al lado, fue levantado por el emperador Vespasiano en el año 72 d. C. para sustituir al viejo circo, que se quedaba pequeño. No llegó a verlo terminado, pese a que las obras sólo duraron ocho años, y tuvo que ser su hijo Tito quien lo inaugurara con un fastuoso programa de festejos que duró cien días y supuso la muerte de 2.000 gladiadores y 9.000 animales.

El edificio es más complejo de lo que parece y todo en él está magnificado: desde el aforo de 55.000 espectadores, descomunal para la época, a los 240 mástiles que sostenían el velarium (toldo contra el sol)y tenían que ser manejados por marinos, pasando por el sinfín de galerías, rampas y tornos que desde el subsuelo permitían a los técnicos subir las jaulas con las fieras o cambiar de escenario, convirtiendo la arena en un estanque para nauvaquias (batallas acuáticas).

Artísticamente, su fachada tiene 80 arcos distribuidos en tres plantas, realizadas en los tres estilos clásicos: dórico, jónico y corintio, más un cuarto en el último piso, compuesto. En el interior, un eficaz sistema de escaleras y vomitorios permitía llenar o desalojar el recinto en un sólo diez minutos. Con la prohibición de las luchas de gladiadores en el año 404 y las de animales en el 523, el edificio pasó a ser una fortaleza medieval antes de entrar en decadencia en el Renacimiento, cuando se le arrancaron buena parte de sus piezas para usarlas en otras obras.

No esperes más; busca alguno de los numerosos vuelos a Roma disponibles y corre a disfrutar de la sensación de ser un patricio romano en su espectáculo favorito. Los actores que pululan por allí disfrazados de legionarios para que te hagas fotos con ellos te ayudarán a entrar en situación.

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