La catedral del Mar

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A muchos les sonará por el título de una novela que el año pasado obtuvo un notorio éxito entre los lectores. Pero la basílica de Santa María del Mar no sólo existe realmente sino que a menudo suele considerársela la iglesia más bonita de Barcelona; y eso que tiene a la catedral gótica y el templo de la Sagrada Familia para competir por el honor, que es mucho decir. Resolver la duda es bien sencillo: reserva un vuelo barato a Barcelona y compruébalo por tí mismo.

Quienes defienden su candidatura lo hacen basándose, sobre todo, en su simplicidad: nada del exhibicionismo decorativo modernista de Gaudí ni de la pretenciosidad solemne del gótico medieval. Aunque Santa María está realizada también en estilo gótico, se trata de una variedad autóctona, catalana, el único ejemplo puro que queda en realidad. Y es que gracias a la rapidez récord con que se construyó, 55 años, financiada y trabajada por los gremios de armadores y comerciantes (legalmente la iglesia pertenecía a todos los feligreses de la zona), el edificio conservó una extraordinaria unidad estilística, sin apenas más añadidos que algunas vidrieras entre los siglos XV y XVIII.

Una gran nave central vacía, desnuda, casi elemental, bañada por la muy tamizada luz que atraviesa dichas vidrieras, epecialmente el policromado rosetón oeste, es la que da carácter místico a un espacio articulado por altísimas columnas rematadas con nervios inusualmente alargados, al estar el capitel más bajo. Colabora en la sensación de amplitud la ausencia tanto de crucero como de ausencia de decoración y elementos mobiliarios, ya que durante la Guerra Civil un incendio destruyó la sillería del coro y el altar barroco.

Si tienes la suerte de visitar la basílica durante alguno de los conciertos de música sacra que suele acoger podrás comprobar otra de sus bazas: la magnífica acústica que convertirá la audición en una experiencia deliciosa.