Archivos mensuales: junio 2009

La Fontana de Trevi

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Hay en Roma un monumento especialmente emblemático, querido y de visita tan inevitable que te lo encontrarás paseando aunque no quisieras verlo. Se trata de la Fontana de Trevi, fuente de mármol y piedra toba adosada a uno de los palacios que forman la plaza del mismo nombre, en la colina del Quirinal.

Esta carismática fuente fue construida en el año 1750 por el artista Niccolo Salvi. Era un encargo del Papa que, viendo decaer la influencia de su tiara en los albores de la Ilustración, quiso dejar una prueba de su poder de mecenazgo. Las esculturas principales representan a Neptuno, dios romano del mar, cabalgando sobre las olas en un carro tirado por tritones y atravesando un arco de triunfo. El conjunto completa los bajorrelieves que decoran la fachada del palacio, cuya temática ilustra la historia del antiguo acueducto del año 19 a. C. El agua que canalizaba este Acqua Virgo, tal era su nombre, y la que sigue manando hoy proceden de un manantial llamado Acqua Virgine.

La Fontana debe buena parte de su fama a una película, La dolce vita, de Federico Fellini, realizada en 1960. La escena en que la actriz Anita Ekberg se bañaba en el estanque con su vestido de noche negro ante los pasmados ojos de los paparazzi -y sobre todo de Marcello Mastroianni– le dio al monumento dimensión mítica.

Si coges un vuelo a Roma y paseas por las calles adyacentes, comprobarás que la Fontana es un punto de reunión de turistas de todas las razas y nacionalidades que abarrotan la pequeña plaza para cumplir el consabido ritual de arrojar una moneda a su estanque, con lo cual se aseguran -dice la tradición-volver a visitar la Ciudad Eterna.

Y eso que está prohibido.

Londres básico

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¿Aún no conoces la capital británica? No lo vas a tener más fácil que ahora, con aerolíneas de bajo coste haciendo jugosas ofertas de vuelos baratos a londres y la libra esterlina a un nivel muy bajo. ¡A buscar billete ya!

Eso sí, procura coger un puente de fin de semana al menos. Al igual que ocurre con, por ejemplo, París, es difícil ver todo Londres en unos pocos días. Ten en cuenta que se trata de una ciudad compuesta por 32 barrios y cuyo diámetro rebasa los 12 kilómetros. Por eso hay que ceñirse a lo básico, en general el entramado urbano a ambas riberas del Támesis en torno a la City. La City es el centro que surgió del gran incendio que devastó la población en 1666; aquí están la majestuosa catedral de Saint Paul -sí, donde se casaron Carlos y Diana- y la Torre, ex-residencia real y ex-prisión, también real (que le pregunten a Ana Bolena, decapitada en su patio) que hoy alberga las soberbias joyas de la Corona. Enfrente, el famoso Tower Bridge levadizo permite pasar a la otra orilla del río.

Hacia el norte y este quedan Spitafields y el East End, lugares victorianos por excelencia, como muestra el Museo de Londres, recuperados para el turismo por la original idea de comercializar la Ruta de Jack el Destripador, pues por esas calles -la mayoría ya no existen- fue dejando cadáveres el asesino en serie más famoso de la Historia.

Saltando hacia el oeste, hacia Bloomsbury, llegamos a otro de los puntos fundamentales: el British Museum, un colosal muestrario que requeriría más de un día para recorrerlo entero; si devolvieran los mármoles del Partenón llevaría menos. Bajando hacia el río encontrarás uno de los lugares con más vida de la ciudad, el Covent Garden, antiguo mercado hoy ocupado por artistas callejeros.

La conocida Trafalgar Square, con la columna de Nelson y la National Gallery -una de las pinacotecas más importantes del mundo- te sirven de nexo de unión con los vibrantes neones nocturnos de Picadilly Circus y las zonas de Whitehall y Westminster. En éstas se juntan miles de turistas para contemplar las Casas del Parlamento, el Big Ben, la abadía de Westminster y la Tate Gallery. También el palacio de Buckingham, claro, con el monumento a la reina Victoria enfrente y, ya bordeando con el barrio de Mayfair, uno de los pulmones verdes de la ciudad, Hyde Park: en su Speaker’s corner puedes oir las declamaciones de improvisados oradores.

Podríamos seguir y llenaríamos páginas así que lo mejor será ir desgranando poco a poco en posts sucesivos lo mejor de esta atractiva ciudad y sus alrededores.

La Catedral Metropolitana de Buenos Aires

Catedral Metropolitana Buenos Aires

En el barrio de San Nicolás, frente a la plaza de Mayo, la Catedral Metropolitana de la Santísima Trinidad de Buenos Aires es ruto de un larguísimo parto con dolores y fórceps. Pocas catedrales, si es que hay alguna otra, han sido reedificadas cinco veces partiendo de sus cimientos. Y es que desde la primera iglesia parroquial de 1580 hasta el templo actual, inaugurado oficialmente en 1791 (sin acabar del todo), los sucesivos obispos bonaerenses tuvieron que afrontar la reconstrucción de unos muros que casi siempre encontraban en estado ruinoso. Tanto es así que alguna vez incluso se derrumbaron, como en 1752.

El proyecto definitivo tardó 38 años en terminarse, aunque hubo que añadirle luego un frontis y las torres, ya en el siglo XIX. Aún así, el edificio está hoy catalogado como Monumento Histórico (1942), y con razón: no hay muchos que puedan presumir de un pasado tan intenso.

Arquitectónicamente tiene un frontal neoclásico -como se ha visto, fue lo último que se añadió- muy similar al de La Madeleine parisina. Las doce columnas representan a los Apóstoles y el frontón recrea escenas de Jacob y José, metáfora en realidad de la unificación nacional (por el Pacto de San José de Flores, en 1859, Buenos Aires, hasta entonces independiente, se incorporó a la Confederación Argentina).

En el interior, una vez traspasado el nártex, encontrarás un espacio de proporciones ciclópeas: 3.000 metros cuadrados estructurados en cinco naves abovedadas, la central con una altura cercana al centenar de metros. En su intersección con el crucero está la cúpula barroca, asentada sobre un gran tambor.

De la decoración cabe destacar la sillería del presbiterio y las tallas del Santo Cristo de Buenos Aires (del siglo XVII) y la Virgen de los Dolores. Pero, sobre todo, hay que fijarse en el churrigueresco altar mayor, y en el mausoleo de José de San Martín, obra del escultor francés Carrier-Belleuse, donde descansan los restos mortales del libertador de Chile y Perú, que era porteño. Si tomas un vuelo a Buenos Aires para conocer esta cosmopolita ciudad y visitas la catedral podrás asistir al espectáculo del cambio de guardia que efectúan cada día los granaderos encargados de escoltar el sepulcro.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao

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Si viajas a la capital de Vizcaya aprovechando las crecientes ofertas de vuelos baratos a Bilbao que hay este verano podrás visitar una de las pinacotecas más importantes de España, el Museo de Bellas Artes, junto al puente de Deusto. Inaugurado en 1914 con fondos patrimoniales del empresario Laureano de Jado, posteriormente aumentados con donaciones de otros filántropos como Antonio Plasencia y Manuel Losada, en 1939 se fusionó con el recién creado Museo de Arte Moderno, trasladándose a su actual sede en 1945. Es un edificio neoclásico de cierto parecido con el El Prado madrileño al que se sumó otro edificio más moderno, de acero y cristal, entre los años 60 y 70; en 2001 se acometieron nuevas reformas para ampliarlo y darle el aspecto definitivo. El año anterior se había creado una Fundación dirigida por un patronato en el que se integraban las principales instituciones (Ayuntamiento, Diputación Foral de Vizcaya y Gobierno Vasco).

Pero lo importante son sus fondos artísticos: más de 6.000 piezas entre pinturas, esculturas, grabados y otras artes decorativas de las que destacan especialmente las primeras, desde el siglo XII hasta el XX. Los nacionales El Greco, Murillo, Ribera, Valdés Leal, Leonardo Alenza, Madrazo, Fortuny, Sorolla, Gutiérrez Solana, Tápies y Barceló, junto con los extranjeros Cezanne, Gauguin, Óskar Kokoschka y Francis Bacon son algunos de los maestros que tienen obras allí, aunque se notan algunas ausencias; así, ni Picasso, ni Dalí, ni Joan Miró están representados, aunque ahora pueden contemplarse algunos de sus cuadros gracias a la Colección XX, una exposición temporal cedida en préstamo por su propietario hasta el año 2013, período que puede ser prorrogado.

Las Palmas de Gran Canaria

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Las Palmas es el punto neurálgico de la isla de Gran Canaria, la población más grande y un muy activo puerto comercial. Si echas una ojeada a un plano comprobarás que el casco urbano ha ido creciendo a partir del barrio de La Vegueta, origen histórico, donde se localizaba un asentamiento guanche anterior a la conquista del que quedan restos expuestos en el Museo Canario: momias, piezas de cerámica, abalorios nativos, cráneos… En este barrio está la plaza de Santa Ana, guardada por seis esculturas de bronce que representan perros autóctonos. En ella se erige también la catedral, del siglo XVI, con el Museo Diocesano de Arte Sacro anexo.

Cerca queda la Casa de Colón, un siglo anterior, que debe su nombre a que alojó al descubridor cuando éste hizo escala en Canarias durante su viaje a América. En realidad era la residencia del gobernador, de ahí que se trate de un encantador palacete con fachada plateresca que hoy acoge un museo dedicado al navegante genovés: maquetas de naves, mapas, portulanos y fragmentos de sus diarios son las piezas que componen este interesante lugar.

Puestos a hablar de casas también puedes visitar la natal de Benito Pérez-Galdós, hoy convertida en museo sobre el popular escritor decimónico y ubicada en el barrio de Triana, al norte del anterior. Y siguiendo esa dirección, paralelo a la costa, llegarás a una zona denominada Pueblo Canario, enclave turístico por excelencia: tiendas de souvenirs y artesanía, espectáculos de folklore local, etc. Unos pasos más y llegas al puerto deportivo, el Estadio Insular y la primera playa, Alcavaneras.

Un istmo conocido como La Isleta separa los muelles del otro lado de la ciudad, Santa Catalina, donde hay que destacar la playa principal. Es la de Las Canteras, una larga barra de arena de tres kilómetros de longitud flanqueada por el largo paseo del mismo nombre que ofrece al turista un amplio abanico hostelero. En el mar, paralela a la costa desde la bahía de Confital, destaca La Barra, una formación rocosa que sobresale sobre la superficie.

El aeropuerto no queda lejos y está conectado a la ciudad por autopista. No es difícil encontrar algún vuelo barato a Gran Canaria, así que te recomendamos vivamente la visita a esta mestiza isla; es un pedazo del Caribe americano en la costa africana y con vocación europea.

La catedral de Sevilla y la Giralda

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¿A que no sabes cual es el edificio religioso más grande de España y tercero de Europa? Coge un vuelo a Sevilla y lo encontrarás allí, enclavado en pleno barrio de Santa Cruz; se trata de la catedral, el monumento símbolo de la ciudad gracias a la torre de su campanario. Vamos a verlo despacio,

La catedral fue construida en estilo gótico entre los siglos XV y XVI sobre el terreno que ocupaba la gran Mezquita Mayor de los almohades desde 300 años años antes, a su vez asentada encima de un templo visigodo del que aún quedan restos. De hecho también sobrevivió un vestigio -y fundamental- de la época árabe, el minarete de 1198 popularmente conocido como la Giralda por el Giraldillo o veleta que corona su centenar de metros de altura: es una figura de bronce que representa la Fe cristiana y, desde 1568, junto con el campanario diseñado por Hernán Ruiz, sustituye a las esferas mahometanas del mismo metal que había originalmente; puedes subir hasta la balconada y contemplar la ciudad a vista de pájaro.

Respecto a la iglesia propiamente dicha, una vez traspasada la línea de pilares encadenados que delimita el zócalo catedralicio (son de origen romano; se trajeron de Itálica), lo primero destacable es su fachada, marcada por la peculiar Puerta de la Asunción. El adjetivo se debe a que esta portada gótica no se terminó ¡hasta 1833! Todo un récord de demora. Una vez en el interior, iluminado por vidrieras flamencas, es obligatoria la visita a las ricas capillas que la componen, con importantes obras de arte como el Cristo de la Clemencia -escultura barroca de Martínez Montañés- de la Sacristía de los Cálices, la Virgen de los Reyes -patrona de Sevilla tallada en estilo gótico-, la Custodia Procesional del siglo XVI o los cuadros de Murillo -sevillano de nacimiento-, Zurbarán y Goya que puedes encontrar durante el recorrido.

Mención aparte merece la Capilla Mayor, protegida tras un soberbio enrejado de 1518. El retablo, un espectacular conjunto formado por 44 paneles tratados con la técnica del dorado, es una obra maestra del gótico cuya autoría corresponde a artista españoles y flamencos. Delante, sobre el altar, está la figura de la Virgen de la Sede, que da nombre a la catedral.

Pero aún hay dos lugares de especial interés en este templo. Uno es la tumba de Cristóbal Colón, situada en el brazo derecho del crucero para acoger los presuntos restos mortales del Descubridor, traídos desde Santo Domingo cuando España dejó la colonia en 1898. El otro es el Patio de los Naranjos, vestigio también de la antigua mezquita árabe: este atrio descubierto a la manera de claustro era donde los fieles musulmanes hacían sus obligadas abluciones antes de los rezos.

El Coliseo

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Sin duda para gustos hay colores, pero si tuvieras que elegir un monumento para representar a Roma del numeroso elenco que presenta, con toda probabilidad escogerías el Coliseo ¿a que sí? Por su historia, por el carisma que destila, por su imponente aspecto aún hoy, porque si te sientas en su graderío y cierras los ojos te parece retroceder en el tiempo y oir el clamor de la multitud cuando los leones se lanzan ferozmente sobre los cristianos o te apetece mover el pulgar para salvar o condenar al mirmidón que yace a los pies del retiario, esperando una decisión que le libre del golpe fatal del tridente.

El Coliseo, nombre actual derivado del original Colosseo, nombre que no hace falta traducir y que se debe probablemente a la colosal estatua de Nerón que tenía al lado, fue levantado por el emperador Vespasiano en el año 72 d. C. para sustituir al viejo circo, que se quedaba pequeño. No llegó a verlo terminado, pese a que las obras sólo duraron ocho años, y tuvo que ser su hijo Tito quien lo inaugurara con un fastuoso programa de festejos que duró cien días y supuso la muerte de 2.000 gladiadores y 9.000 animales.

El edificio es más complejo de lo que parece y todo en él está magnificado: desde el aforo de 55.000 espectadores, descomunal para la época, a los 240 mástiles que sostenían el velarium (toldo contra el sol)y tenían que ser manejados por marinos, pasando por el sinfín de galerías, rampas y tornos que desde el subsuelo permitían a los técnicos subir las jaulas con las fieras o cambiar de escenario, convirtiendo la arena en un estanque para nauvaquias (batallas acuáticas).

Artísticamente, su fachada tiene 80 arcos distribuidos en tres plantas, realizadas en los tres estilos clásicos: dórico, jónico y corintio, más un cuarto en el último piso, compuesto. En el interior, un eficaz sistema de escaleras y vomitorios permitía llenar o desalojar el recinto en un sólo diez minutos. Con la prohibición de las luchas de gladiadores en el año 404 y las de animales en el 523, el edificio pasó a ser una fortaleza medieval antes de entrar en decadencia en el Renacimiento, cuando se le arrancaron buena parte de sus piezas para usarlas en otras obras.

No esperes más; busca alguno de los numerosos vuelos a Roma disponibles y corre a disfrutar de la sensación de ser un patricio romano en su espectáculo favorito. Los actores que pululan por allí disfrazados de legionarios para que te hagas fotos con ellos te ayudarán a entrar en situación.

La Alcazaba de Málaga

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La colina Gibralfaro se alza frente al puerto de Málaga y había sido asentamiento romano. En el siglo XI fue el lugar elegido por los musulmanes para erigir una gran fortaleza que se adaptaba estratégicamente a la irregular topografía del terreno. Eran tiempos de guerra, con las huestes cristianas empeñadas en plena Reconquista y los islamistas defendiendo la que ya consideraban su tierra, tras cientos de años viviendo en ella.

La mayor parte de esta alcazaba, término musulmán aún hoy vigente, fue mandada construir por el taifa Badis Ben Habus, aunque la completó Abderramán I. No tuvo empacho en usar para ello los mármoles y estatuas de los restos romanos, dotando al lugar de una belleza insólita para un bastión militar. Claro que en lo más alto e inaccesible estaba el palacio nazarí, hoy denominado los Cuartos de Granada, un lugar lleno de bellos ventanales, aljibes y patios arbolados al que se llegaba sólo tras pasar dos recintos concéntricos amurallados y fuertemente defendidos por treinta torreones y una veintena de puertas fortificadas en recodo.

Detrás está el castilllo de Gibralfaro, que es algo posterior (siglo XIV) pero que terminó incorporado al conjunto mediante La Coracha, una doble fila de zigzagueantes murallas. Este mismo sistema une la fortaleza con el otro lado, donde se encuentran la recia Torre del Homenaje (siglo XIV) y el barrio de viviendas, que puede sorprender al visitante con sus baños, su complejo sistema de alcantarillado y la existencia, insólita en la época, de letrinas.

La Alcazaba malagueña pasó por manos almorávides y almoohades antes de ser conquistada, primero en el año 1065 por Mohamed Ben al-Ahmar, rey nazarí de Granada, y luego por los Reyes Católicos en 1487 tras un duro asedio. Los cristianos reformaron el lugar y para ello usaron lo que quedaba del yacimiento romano. Las piezas que sobrevivieron conviven hoy junto a otras fenicias y musulmanas en el Museo Arqueológico que se hizo al socaire de las rehabilitaciones del siglo XX en el propio recinto: mosaicos, azulejos, objetos de cerámica, etc.

La Alcazaba es una visita turística muy interesante si has tomado un vuelo a Málaga y te cansas del tópico de sol, playa y pescaíto frito.

La catedral del Mar

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A muchos les sonará por el título de una novela que el año pasado obtuvo un notorio éxito entre los lectores. Pero la basílica de Santa María del Mar no sólo existe realmente sino que a menudo suele considerársela la iglesia más bonita de Barcelona; y eso que tiene a la catedral gótica y el templo de la Sagrada Familia para competir por el honor, que es mucho decir. Resolver la duda es bien sencillo: reserva un vuelo barato a Barcelona y compruébalo por tí mismo.

Quienes defienden su candidatura lo hacen basándose, sobre todo, en su simplicidad: nada del exhibicionismo decorativo modernista de Gaudí ni de la pretenciosidad solemne del gótico medieval. Aunque Santa María está realizada también en estilo gótico, se trata de una variedad autóctona, catalana, el único ejemplo puro que queda en realidad. Y es que gracias a la rapidez récord con que se construyó, 55 años, financiada y trabajada por los gremios de armadores y comerciantes (legalmente la iglesia pertenecía a todos los feligreses de la zona), el edificio conservó una extraordinaria unidad estilística, sin apenas más añadidos que algunas vidrieras entre los siglos XV y XVIII.

Una gran nave central vacía, desnuda, casi elemental, bañada por la muy tamizada luz que atraviesa dichas vidrieras, epecialmente el policromado rosetón oeste, es la que da carácter místico a un espacio articulado por altísimas columnas rematadas con nervios inusualmente alargados, al estar el capitel más bajo. Colabora en la sensación de amplitud la ausencia tanto de crucero como de ausencia de decoración y elementos mobiliarios, ya que durante la Guerra Civil un incendio destruyó la sillería del coro y el altar barroco.

Si tienes la suerte de visitar la basílica durante alguno de los conciertos de música sacra que suele acoger podrás comprobar otra de sus bazas: la magnífica acústica que convertirá la audición en una experiencia deliciosa.

La catedral de Santiago

Catedral Santiago

La catedral de Santiago de Compostela es uno de los santuarios más importantes del mundo cristiano, no sólo por el hecho de que contenga las presuntas reliquias del Apóstol o que se haya constituido en meta final de decenas de miles de peregrinos, sino por su propio valor artístico-monumental.

La imagen exterior que puede apreciarse desde la amplia plaza del Obradoiro, la fachada oeste que recibe el mismo nombre que la plaza (o, más bien, a la inversa), ha experimentado numerosos cambios con el paso de los tiempos hasta llegar al recargado aspecto barroco que luce desde el siglo XVIII, con las dos torres gemelas de 74 metros de altura. Pero el interior del templo se conserva casi como la etapa altomedieval en que se construyó aprovechando la basílica primitiva del siglo IX, erigida por el rey Alfonso II. Según el Códex Calistino, en su construcción intervinieron los maestros Bernardo el Viejo y Roberto, que aportaron al edificio elementos cosnstructivos de carácter internacional, similares a otras que pueden apreciarse a lo largo del Camino.

Traspasada la primera puerta, la barroca, llamada del Paraíso, está el famoso Pórtico de la Gloria gótico, obra del maestro Mateo: un espectacular tímpano con un apostolado bajo el que se desarrolla una alegoría de Moisés, Daniel, ángeles, ancianos y el pecado presidida por la figura central del Pantocrátor mostrando sus llagas; bajo él, en el parteluz, la figura del Santo dos Croques -Santiago- da la bienvenida a los peregrinos que, siguiendo la tradición, lo tocan con sus cabezas para tener suerte y sabiduría.

Se entra entonces a la nave principal (la iglesia tiene la clásica planta de cruz latina) en cuyo extremo se halla el altar mayor. Bajo él, en la cripta, se guardan las reliquias de Santiago; detrás, los peregrinos pueden besar el manto de la estatua del Apóstol. El gran botafumeiro, un incensario movido por ocho personas, aguarda el momento de que se la haga oscilar pero sólo ocurre en eventos solemnes muy especiales.

Por el brazo derecho del crucero se sale a la plaza de las Platerías a través de la puerta del mismo nombre, decorada con un bello tímpano románico cuyos bajorrelieves representan las dos naturalezas de Cristo, divina (las Tentaciones) y humana (la Pasión) y su Transfiguración ante Santiago. Al lado de la portada se alza la famosa Torre del Reloj, marcando las horas que faltan para que tomes un vuelo a Santiago de Compostela y veas todo esto por tí mismo.