Tabarca, una isla en Alicante


tabarca Tabarca, una isla en Alicante

Una de las vistas más curiosas que pueden hacerse a vista de pájaro si tomamos un vuelo a Alicante es la isla de Tabarca, situada a 12 millas de la costa. Embarcando en una lancha de transporte en el puerto podemos llegar en una hora de navegación -bastante menos desde Santa Pola- a esta a lengua de tierra que parece flotar sobre la superficie del mar, asemejando desde lejos la silueta de un submarino: una forma alargada en el horizonte -1800 metros de largo por 400 de ancho-, de la que brota el perfil de la iglesia a manera de torreta.

Tabarca, en efecto, es un lugar llano y pelado, con una zona más bien yerma y otra ligeramente poblada. Ésta consiste en un pequeño pueblo levantado en 1770 por encargo de Carlos III para impedir que la isla se convirtiera en una base de piratas berberiscos peligrosamente cercana a la costa española; por eso conserva una recia muralla con puertas monumentales y un sobrio bastión defensivo extramuros que sumar al puñado de calles diseñadas según el espíritu racionalista ilustrado de la época y la iglesia barroca.

Evidentemente, este islote es hoy un centro turístico que se llena -el espacio es escaso- de visitantes en busca de la insólita experiencia de tomar el sol en un pequeño arenal de su extremo sur, comer un caldero tabarquí (arroz con pescado) en alguno de los restaurantes del pueblo -si encuentran sitio, cosa harto difícil- o disfrutar buceando por los preciosos fondos submarinos, plenos de colorido, afortunadamente protegidos por la ley desde 1986 como Reserva Natural Marina. Incluso es posible pernoctar en la antigua Casa del Gobernador, recovertida en un acogedor hotel; también hay un par de hostales.

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