Archivos mensuales: mayo 2009

La Albufera de Valencia

vuelos a Valencia

Una albufera “es una laguna litoral, en costa baja, de agua salada o ligeramente salobre, separada del mar por una lengua o cordón de arenas…” La definición del Diccionario de la RAE es exacta.

La Albufera valenciana se localiza a 10 kilómetros al sur de la ciudad. Está regada por el río Júcar y separada del mar por una franja arenosa y boscosa denominada La Dehesa, pero conectada al mismo tiempo con el Mediterráneo mediante tres canales cuyas compuertas regulan el nivel de las aguas. Pese a ser Reserva Natural desde 1986 -sus juncales y marismas albergan 250 especies de aves más las que hacen escala durante la emigración del otoño- el tamaño de esta gran balsa azul, 21.120 hectáreas, es hoy diez veces menor que hace doscientos años, cuando llegaba hasta Valencia. Por ello, la profundidad media es de un metro y apenas pasa de dos en las zonas más hondas.

La razón de esa disminución de superficie hay que buscarla en la Historia: a partir de la segunda mitad del siglo XIX los campesinos empezaron a desecar las riberas para convertirlas en arrozales. Hoy esas plantaciones ocupan 223 kilómetros cuadrados de lo que se llama el Marjal y de ellas sale un tercio de la producción nacional de arroz. La contrapartida fue que muchas poblaciones aledañas perdieron la navegación como forma de conexión entre sí, un sistema del que son recuerdo las típicas embarcaciones de vela latina que aún se pueden ver entre las olas.

En el desvío de El Palmar hay un Centro de Información para visitantes, aula pedagógica sobre este rico ecosistema que es paraíso de anguilas, mújoles, garzas y patos. No en vano ha sido declarado ZERA, es decir, Zona Especial de Protección para las Aves. Los amantes de la naturaleza vivirán una agradable experiencia si toman un vuelo a Valencia y visitan la Albufera bien provistos de unos prismáticos.

Tabarca, una isla en Alicante

Vuelos a Alicante

Una de las vistas más curiosas que pueden hacerse a vista de pájaro si tomamos un vuelo a Alicante es la isla de Tabarca, situada a 12 millas de la costa. Embarcando en una lancha de transporte en el puerto podemos llegar en una hora de navegación -bastante menos desde Santa Pola– a esta a lengua de tierra que parece flotar sobre la superficie del mar, asemejando desde lejos la silueta de un submarino: una forma alargada en el horizonte -1800 metros de largo por 400 de ancho-, de la que brota el perfil de la iglesia a manera de torreta.

Tabarca, en efecto, es un lugar llano y pelado, con una zona más bien yerma y otra ligeramente poblada. Ésta consiste en un pequeño pueblo levantado en 1770 por encargo de Carlos III para impedir que la isla se convirtiera en una base de piratas berberiscos peligrosamente cercana a la costa española; por eso conserva una recia muralla con puertas monumentales y un sobrio bastión defensivo extramuros que sumar al puñado de calles diseñadas según el espíritu racionalista ilustrado de la época y la iglesia barroca.

Evidentemente, este islote es hoy un centro turístico que se llena -el espacio es escaso- de visitantes en busca de la insólita experiencia de tomar el sol en un pequeño arenal de su extremo sur, comer un caldero tabarquí (arroz con pescado) en alguno de los restaurantes del pueblo -si encuentran sitio, cosa harto difícil- o disfrutar buceando por los preciosos fondos submarinos, plenos de colorido, afortunadamente protegidos por la ley desde 1986 como Reserva Natural Marina. Incluso es posible pernoctar en la antigua Casa del Gobernador, recovertida en un acogedor hotel; también hay un par de hostales.

El Palacio del Pueblo en Bucarest

vuelos a Bucarest

No es el monumento más bello, ni el más visitado, ni el más publicitado de Bucarest. De hecho es una rareza, un edificio detestado por los propio habitantes de la ciudad, que lo descartaron de las candidaturas a las Siete maravillas de Rumanía. Hablamos del Palacio del Pueblo, actual sede del Parlamento y del Tribunal Constitucional nacionales, en la calle 13 de Septiembre.

Este faraónico complejo es parte del legado del fallecido dictador Nicolae Ceaucescu, el Conducator, aquel que fue derrocado en la Navidad de 1989 y procesado sumariamente en un juicio televisado antes de ser pasado por las armas junto a su mujer. Un legado envenenado que empezó a levantarse en 1985 aprovechando los estragos que causara ocho años antes un violento terremoto que derribó 35.000 viviendas. Ceaucescu no tuvo reparos en terminar con lo que no había podido el seísmo y arrasó un barrio entero del centro, incluyendo iglesias, sinagogas, palacetes, monasterios y miles de casas.

En su lugar se construyó un auténtico monumento a la megalomanía cuyas cifras es imposible determinar con exactitud porque todas las fuentes dan cifras distintas: 315.000 metros cuadrados que albergan miles de dependencias en sus doce pisos, entre ellas un refugio anti-nuclear y la fastuosa Galería de Honor, de 150 metros de longitud por 18 de ancho. La avenida principal que llegaba hasta su puerta fue bautizada con el pomposo nombre de Victoria del Socialismo, al que los ciudadanos no tardaron en añadir jocosamente “…contra los rumanos”, recordando el hambre y el frío que sufrieron mientras para la obra se traían materiales nobles: mármoles, arañas de oros, maderas, tapices tejidos a mano por monjas…

Al morir Ceaucescu la obra quedó inconclusa. Aún así, dicen, es el segundo edificio más grande del mundo, sólo superado por el Pentágono estadounidense. Antes de designarlo para sede parlamentaria se barajaron varios proyectos para el Palacio del Pueblo, desde su demolición hasta enterrarlo formando una montaña-monumento contra las dictaduras, pasando por su reconversión en casino. Al final ha conseguido sobrevivir y servir al Estado al que antes exprimió: ahora no sólo los diputados pisan sus suntuosos suelos; también los turistas pueden hacerlo pagando poco más de cinco euros. De hecho casi todas las agencias con vuelos a Bucarest incluyen esta visita en sus programas.

Tenerife y la guarida del Maligno

Vuelos a Tenerife
En España tenemos la posibilidad de viajar a un destino en territorio nacional donde es posible combinar una frondosa isla tropical con las nieves de alta montaña, un árido desierto volcánico con la inmesidad del océano Atlántico. Merece la pena tomar un vuelo a Tenerife para visitar el hoy dormido pero latente Teide, el tercer volcán activo más alto del mundo tras los dos clásicos hawaianos. El nombre se los pusieron los primitivos pobladores de las islas Canarias, los guanches: Echeyde, la morada del dios Guayota el Maligno.

El lugar, declarado Paque Nacional en 1954 (ahora se intenta ascenderlo a Patrimonio de la Humanidad), está caracterizado por las siete Cañadas, restos de un cráter de 45 kilómetros de ancho que dejó una antigua erupción. Es una gigantesca y yerma caldera rodeada de erosionadas montañas, con vegetación escasa y tan endémica que está terminantemente prohibido coger ninguna planta. Cercanos a esta zona están el llano de Ucanca y los Roques de García, donde la lava ha adquirido extrañas formas retorcidas y un color azulado en algunos puntos (Los Azulejos) , a causa del óxido de cobre que compone las rocas.

La carretera que atraviesa el parque sirve para unir los diferentes miradores (Chio, Boca Tauce, Ucanca, La Ruleta, Las Cañadas, Tabonal Negro y San José) con un parador restaurado hace pocos años y la estación del teleférico. Este transporte remonta en ocho minutos una de las laderas del volcán hasta 160 metros de la cima (que está a 3,718, el techo de España): a partir de ahí el que quiera llegar arriba debe hacerlo a pie. Alguno incluso puede intentar alcanzar la otra chimenea, llamada Pico Viejo o Montaña Chahorra, cuya última erupción ocurrió en el siglo XVIII.

Para quienes deseen disfrutar de este entorno en total comunión con la naturaleza, existe una red de pistas y senderos que recorren lasa 18.990 hectáreas del parque y permiten prescindir del coche.

Madrid, kilómetro cero

Vuelos a Madrid
Puede que muchos no sepan que el kilómetro cero de la red viaria española se encuentra en la Puerta del Sol de Madrid, bien señalizado con una placa de metal. Es un detalle anecdótico que aprovechamos para poner en el tapete la recomendación de visitar la capital de España, aprovechando la las numerosas ofertas de vuelos a Madrid que han abierto estos últimos años casi todas las aerolíneas.

Como su propio nombre indica la Puerta del Sol era una de las antiguas entradas de la ciudad, la oriental en concreto. Con el tiempo quedó integrada en el casco urbano y el bastión que la custodiaba fue sustituido por una iglesia. Las transformaciones continuaron impuestas por el transcurso de los años. El aspecto actual de la plaza es muy diferente al que presentaba, por ejemplo, el 2 de mayo de 1808, cuando el pueblo madrileño se levantó contra las tropas napoleónicas. Aunque en la famosa pintura de Goya La carga de los mamelucos no se aprecia, la parte central del lugar no estaba despejada sino ocupada por una manzana de edificios que fueron derribados a mediados del siglo XIX para darle la imagen actual.

Fue este nuevo recinto resultante, en forma de media luna, el que sirvió de escenario para algunos momentos históricos más: la desamortización de Mendizábal que echó abajo los dos conventos de la plaza; la muerte de prestigiosos generales (Canterac, Quesada, Fulgosio) en luchas callejeras decimonónicas contra brotes revolucionarios y liberales; el asesinato en 1912 del presidente del Gobierno José Canalejas por un anarquista, cuando contemplaba distraídamente una famosa librería; la proclamación de la Segunda República desde los balcones de Gobernación en 1931…

La Puerta del Sol tiene algunos elementos decorativos emblemáticos que se las han arreglado para perdurar en el tiempo. Uno de ellos es la pequeña torre que corona el edificio principal, Casa de Correos con Carlos III, luego Ministerio de Gobernación (1847) y hoy sede del Gobierno de la Comunidad Autónoma; en ella está el reloj más popular del país, el que siguen la mayoría de los españoles pot televisión (desde 1962) atragantándose con las uvas mientras da las campanadas cada Nochevieja. También son destacables la entrañable figura de Tío Pepe que, con su botella ensombrerada y guitarrera, consiguió salvarse del decreto municipal que eliminaba la publicidad de neón de los edificios; y la figura ecuestre de Carlos III, el mejor alcalde de Madrid, nueve metros de bronce colocados en 1994 con un dispositivo electrónico que aleja a las palomas. Mención aparte merece, la estatua del Oso y el Madroño, símbolo de Madrid por excelencia.

Los canales de Amsterdam

vuelos a Amsterdam

El extenso delta que forman las desembocaduras de los ríos Rin, Mosa y Escalda tiene un altura media de sólo cinco metros pero buena parte de la zona ni siquiera llega a esa medida y se queda por debajo del nivel del mar. Las periódicas inundaciones que asolaban históricamente las tierras fueron atajadas con diques y una gran red de canales navegables de un centenar de kilómetros. Por eso Amsterdam ha sido bautizada como la Venecia del norte y hoy es destino de numerosos vuelos baratos abarrotados de turistas.

El sistema de canales divide la ciudad en 70 islas comunicadas por 1.200 puentes, algunos de época. El entorno está muy protegido. En las dos riberas de cada canal abunda el arbolado (unos 25.000 ejemplares) y buena parte de los edificios está catalogada como monumento. Muchas de las casas presentan una fachada típicamente estrecha; ello se debe a que se pagaban los impuestos en función de los metros de anchura. Hoy están inmortalizadas en forma de pequeños imanes para decorar la nevera del turista o en miniaturas. Los variopintos modelos de fachada que se conservan corresponden a diferentes épocas y estilos: los frontispicios con escalera son los más antiguos, los de campana eran de influencia italiana y los neoclásicos, franceses. Un detalle que pasa desapercibido si uno no se fija: esas fachadas están ligeramente inclinadas hacia delante; se construían así para evitar daños en las paredes al izar los muebles para introducirlos por las ventanas, pues no solían caber por las puertas.

Recorrer estos grachten, terminados en 1663 tras cincuenta años de obras, es hoy un atractivo turístico más de la capital holandesa. Sobre el plano destacan tres canales principales. El primero es el Keizer, así llamado en honor del emperador Maximiliano I de Habsburgo, quien concedió a la ciudad el permiso para incorporar su corona al escudo; esta corona puede verse también sobre las farolas de los puentes. El siguiente es el Prinsen, nombre del príncipe Orange de entonces. Pero, sin duda, el más interesante es el Heren y, en concreto el Gouden Bocht o Recodo dorado, tramo comprendido entre Koningsplein y Vijzelstraat donde se pueden contemplar los palacios más impresionantes de la urbe.

Hay otros canales muy populares, como el Raam, el Oude Schans, el Oudezijds Voorburgwal… No hay espacio suficiente para nombrarlos todos. Y menos con esos nombres imposibles. Limítate a pasear por ellos y disfrutar de sus limpias aguas.

Jerez, motos, vino y caballos

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Si hablamos de Jerez a muchos les vendrá inmediatamente a la cabeza el Campeonato de Motociclismo que se desarrolla cada temporada como prueba del Mundial. Es justo, puesto que decenas de miles de aficionados de todas partes cogen vuelos a Jerez para acudir al evento y abarrotan el circuito, que está a unos diez kilómteros de la ciudad, para ver a las figuras de este deporte, muchas de ellas españolas.

Sin embargo, hasta hace poco decir Jerez era sinónimo de vino y caballos. Lo cierto es que la Xera de los tartesios, la Ceret romana, Xerez para los árabes y Jerez de la Frontera para Alfonso X el Sabio, que fue quien la reconquistó definitivamente para la cristiandad, es la cuna de algunas de las bodegas más importantes del mundo. Tanto como para que formen parte de los circuitos turísticos: Domecq, González Byass, Garvey, Osborne… fabricantes respectivamente de finos como La Ina, Tío Pepe, San Patricio y Quinta, entre otros muchos, son lugares de visita enológica obligada para amantes del vino y el brandy de todas partes del mundo. El asoleo (secado al sol) en redes de esparto, el prensado de la uva durante la noche para evitar el calor, la fermentación en cubas, el encabezado (elevación de la graduación alcohólica hasta alcanzar el nivel deseado) y el descanso en criaderas y soleras en la oscuridad de la bodega forman un largo proceso con siglos de tradición que merece la pena conocer in situ.

Y luego están los caballos. Esos animales de raza autóctona, con su ancho cuello y característico hocico, tan apreciados por los expertos y que tienen en la internacionalmente prestigiosa Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre su propio espectáculo: los jueves a las 12:00 de la mañana es posible asistir a la magia inolvidable de Cómo bailan los caballos andaluces; el resto de la semana están abiertos al público el adiestramiento y doma de los majestuosos équidos por parte de jinetes ataviados a la usanza jerezana

Las Ramblas de Barcelona

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Estos días las Ramblas de Barcelona se convirtieron en escenario vivo de fiesta y alegría. El Barça acaba de proclamarse campeón de Copa y Liga y, a falta de conquistar la preciada Copa de Europa, los aficionados culés lo celebran tradicionalmente a lo largo de esta avenida y bañándose en la fuente de Canaletas, que está situada al comienzo. Tomar uno de los vuelos a Barcelona para la noche del 27 de mayo puede suponer la experiencia de participar en el delirio colectivo, si hay victoria azulgrana.

Pero vamos por partes. ¿Qué es exactamente una rambla? Rambla es el término catalán para referirse al cauce de un torrente seco. Este tipo de fenómeno geográfico es muy frecuente en Levante y, por ello, encontramos ramblas no sólo en Barcelona sino también en otras poblaciones mediterráneas. Las más populares son, sin embargo las de la ciudad condal. Cosas del fútbol.

Hace siglos un río bajaba desde la sierra de Collserola hasta desembocar en el mar. Su orilla izquierda estaba bordeada por la muralla defensiva, tras cuyos sillares se levantaba el casco urbano. A partir del XVI el recinto se quedó pequeño y algunos conventos eligieron pasar a la otra orilla; poco después la Universidad hizo lo mismo. El paso implacable de los años impuso su ley y los secos cauces terminaron rellenándose de tierra para convertirse en la calle que hoy une la plaza de Cataluña, donde está la mencionada fuente de Canaletas desde el siglo XIX, con el Puerto Viejo.

Siguiendo esta arteria arbolada con isleta central peatonal encontramos un buen puñado de lugares de interés: palacios como el de la Virreina, el Moja o el Güell, obra neogótica de Gaudí; teatros como el espectacular Liceo (reconstruido tras el devastador incendio de 1994) o el que ahora es Real Academia de Ciencias y Artes; museos, como el de Cera o el Erótico; y mercados, como el de Sant Josep, más conocido como La Boquería. En la cercana plaza del mismo nombre, pavimentada con un mosaico de Joan Miró, subsiste una graciosa escultura art decó de un dragón que anunciaba una antigua tienda de paraguas. Todo ello compartiendo espacio con quioscos, artistas callejeros, floristas y, otra curiosidad clásica, vendedores de pájaros.

Al final de la avenida la plaza de Colón, con su conocida estatua, sirve de puerta a la Dársena Nacional, donde es posible comprar un pasaje en una golondrina (lanchas de dos cubiertas) para dar un paseo marítimo.

Boston y la Revolución Americana

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No es difícil encontrar por Internet vuelos a Boston, una de las ciudades más antiguas de EEUU. Fundada en 1630 por peregrinos puritanos, su verdadera entrada en la Historia la hizo en 1776 al servir de escenario a algunos de los primeros brotes independientistas contra el dominio británico. Hoy, esos barrios por los que soldados y patriotas anduvieron a tiros (Back Bay, Charlestown, Beacon Hill… ), componen un destino turístico en sí mismos. Muchos conservan sus edificios victorianos y góticos, alumbrados por viejos faroles de gas.

Una de las cosas más interesantes de este lugar es la facilidad con que se han montado las visitas a los viajeros, cuatro trayectos diseñados para recorrer a pie desde el centro urbano hacia fuera siguiendo, en cierta forma, la planta estrellada del metro. El recorrido más clásico por la ciudad se llama Freedom Trail y te lleva a conocer las raíces de la Revolución -aún se conmemora con la Ceremonia del té– desde el Parque Boston Common (el más antiguo de América) hasta el Bunker Hill, pasando por la vieja Casa de Reuniones o el domicilio de uno de los héroes revolucionarios, Paul Revere.

Otro recorrido, el Black Heritage, sitúa al viajero en el siglo XIX y sus luchas contra la esclavitud. Aquí pueden verse casas empleadas para ocultar esclavos huidos o para celebrar reuniones abolicionistas; también el domicilio familiar del militar Robert Gould Shaw, coronel del primer regimiento que empleó soldados negros, el 54º de Massachussets, y cuya vida se llevó al cine en la película Tiempos de gloria.

El tercero es el Women’s Heritage: como su propio nombre indica, va siguiendo los logros llevados a cabo por varias mujeres famosas.

Por último, el Harborwalk se centra en la historia portuaria. Además, en el muelle de Charlestown está fondeada la fragata USS Constitution, botada en 1798 y hoy convertida en fascinante museo naval.